martes, 18 de junio de 2024

Elecciones municipales siglo XVI (Hasta 1542)

 



La elección de los alcaldes y oficiales del concejo en Villafáfila desde al menos el siglo XIV, en tempos del maestre don Lorenzo Suárez, se hacían anualmente y en su forma y procedimiento  se regían por las Leyes Capitulares de la Orden de Santiago  formuladas a lo largo del siglo XV durante el maestrazgo del infante don Enrique, y refrendadas por los Reyes Católicos, concretamente  las leyes 16 y la 17, que figuraban en  un libro de pergamino que se hallaba en el arca del concejo de Villafáfila en 1542 titulado: “Libro de las hordenanças capitulares de la horden de Santiago” y que transcribo a continuación:

 


                                                  diez e seis”

                          “Lei cómo e en qué manera se an de helegir los alcaldes hordinarios

                                                   e otros ofiçiales de conçejo”

 

Yten, así en villas e lugares de nuestra horden son acaesçidos roydos, debates e contiendas por las eleçiones de los alcaldes, dibidiéndose los pueblos en partes, e cada una parte quieren poner sus alcaldes e ofiçiales: los unos en favor que tienen, los otros con favor de parientes, de guisa que es nuestro deserviçio e daño de los nuestros pueblos. E porque abemos yntençión de rremediar los tales hechos e dar horden cómo sean atajados, estatuymos e hordenamos que, de aquy adelante, los alcaldes hordinarios con los rregidores e ofiçiales e otros quatro o çinco honbres que ellos hagan llamar, que les entendieren que derechamente acatarán serviçio de Dios e nuestro e provecho e bien de la villa; e los dichos ofiçiales con los tales honbres, no thenyendo los unos más poder que los otros, ny otros que los otros, escojan honbres e señalen para alcaldes e ofiçiales los que meresçieren e conbenyeren en buena concordia sin afeçion e bandería, a lo menos para la alcaldía tres honbres buenos, e para otro ofiçio dos honbres buenos, e entre aquellos hechen suertes; e a los que binyeren las suertes e fueren alcaldes, que dende en çinco años no thornen a entrar en las suertes. E por esta guysa elexidos syn discordia, preséntenlos al pueblo uniberso e allí hagan la solenydad del juramento que de derecho deben.

E mandamos que, si los dichos alcaldes, rregidores, ofiçiales e honbres buenos por ellos llamados discordaren e discreparen, nonbrando diversos alcaldes unos a unos y otros a otros, e no binyeren concordes en los elexir e sortear, que por pena de discordia, que los así nonbrados e señalados en discordia no ayan los ofiçios para que fueron nonbrados por ese año, e que los dichos alcaldes e rregidores e ofiçiales e los otros honbres buenos que con ellos acaesçieren, que por ese dicho año ayan perdido el derecho e voz de elegir; e que donde tal discordia acaesçiera, mandamos que en público e comund conçejo sean juramentados dos hombres buenos que no sean de los alcaldes e rregidores ny de los otros que con ellos se acaesçieren a la discordia, e aquellos juramentados escojan alcaldes e ofiçiales los que entiendan que lo merecen, y que no sea alguno de los primero nonbrados en discordia. E si los dichos honbres buenos juramentados no se acordasen en elegir, que dende en adelante rrequieran al nuestro alcalde mayor de la probinçia si lo obiere, el qual escoja e ponga en ese año a quyen él mandare o entendiere que cunple a nuestro serviçio.

 


              “Aprueba e manda guardar la ley de arriba”

Por la mayor parte todos lo rroydos e escandalos e banderías que nasçen en la villas e lugares de nuestra horden son a cabsa de los ofiçios dellas, queriendo por afiçiones e parentelas unos que los tengan algunos de sus debdos e amygos e afiçionados e otros queriéndolos para en sus parentelas e parientes, e como quyer que el señor infante don Enrrique, maestre que fue de la dicha nuestra horden, nuestro predeçesor, que santa gloria aya, dio en ello çierta forma cómo se debían hazer de cada año los dichos ofiçiales, todavía en el hechar de las suertes e pilorios dellos se hazen muchos engaños, de que rredundan las questiones e cosas susodichas en deserviçio de Dios e nuestro, por ende, por aquello apartar e en rremedio e atajo a las maliçias de los honbres, hordenamos e mandamos que de aquy adelante se use e guarde en la eleçión de los ofiçios la dicha ley que hizo el dicho señor ynfante don Enrique en todo y por todo como en ella se contiene.

 

//Declara que los electores fagan juramento de elegir las personas mas abiles del pueblo//

Porque en la eleçión de los alcaldes e rregidores e otros ofiçiales de conçejo se haga mas justamente segund forma del estableçimiento arriba escripto, estableçemos e mandamos que al tienpo que los alcaldes hordinarios e rregidores e ofiçiales e los otros quatro o çinco honbres buenos obieren de nonbrar y elegir e señalar personas para oficiales, antes que hagan la dicha eleçión, seyendo llamado a conçejo, hagan todos juntamente por presençia del escribano del conçejo o escribano público de la çibdad, villa o lugar en que se haga la eleçion, juramento en forma de derecho públicamente en la casa de cabildo o en la abdiençia pública de la tal çibdad, villa o lugar, en presençia de  las personas que ende se hallaren, para que fielmente, pospuesto todo amor, afeçion, debdo, amystad, e ynterese, e odio, e malquerençias, elegirán e nonbrarán las personas mas ábiles, ydonyas e pertemeçientes que obiere en la tal çibdad, villa o lugar, e que tengan mas sufiçiençia para ejerçer e usar los dichos ofiçios, segund conbiene al serviçio de Dios e nuestro, e al bien de nuestra justicia, e al pro e buen regimyento del pueblo, de todos los estados que obiere de personas en la tal çibdad, villa o lugar, syn aver apartamyento de unos a otros en la tal eleçión, salbo que sean elegidos e nonbrados,  los que fueren mas ábiles e sufiçientes para los dichos ofiçios, no seyendo de las personas que prohíbe e defiende el estableçimyento que de yuso se contiene, o de aquellos que an seydo ofiçiales y están en el tienpo que no se deben elegir, según dispusiçión del dicho estableçimyento, con tanto que no elijan juntamente padre e hijo o dos hermanos para un ofiçio, e que el dicho juramento hagan los dos honbres buenos que obieren de elegir abiendo discordia en los dichos alcaldes e rregidores e ofiçiales e quatro o çinco honbres buenos, que primeramente fueron nonbrados para hazer la dicha eleçión, e que con esta declaraçión sea guardado el dicho estableçimyento, e rrebocamos qualquyer carta o probisión que ayamos mandado dar sobre la forma de la dicha eleçión de los dichos ofiçiales que sea contra estos estableçimyentos.

 

En resumen, debido a los conflictos que provocaban las elecciones en las villas de la Orden, dividiéndose en bandos los vecinos, se quiere unificar la forma de realizarlas. Para ello se juntarán los alcaldes y regidores salientes junto con cuatro o cinco vecinos a los que se les suponga rectitud de conciencia, y procederán a elegir a tres hombres buenos para el cargo de alcalde y dos para los otros cargos, y se echará a suertes para ver quien desempeña los oficios durante un año, y los elegidos sin discordia jurarán sus cargos ante todo el pueblo, y no podrán volver a ser elegidos en un plazo de 5 años.

En caso de haber discordias entre los electores y no haber acuerdo en el nombramiento, perderán el derecho a elegir. En esos casos en concejo público se juramentará a dos hombres buenos, excluidos los anteriores, para que hagan la elección. En caso de discrepancia entre ellos dos, se recurrirá al alcalde mayor de la provincia correspondiente de la Orden para que haga la elección por ese año.

No obstante, seguían produciéndose conflictos en los pueblos con motivo de los engaños que se hacían en los sorteos de las elecciones, por lo que los Reyes Católicos reiteran el cumplimiento de la Ley redactada por el infante don Enrique de Aragón, y mandan que antes de proceder a la elección, que los electores hagan juramento de elegir a las personas más idóneas para los cargos, ante un escribano y las personas que se hallen presentes

 


                          Ley diez e siete:  quién e qué personas an de ser ofiçiales

                                      en los pueblos e qué hazienda han de thener

 

  Porque de suso se contiene una ley cómo y so qué forma se an de elegir los ofiçiales en cada un año en la billas e lugares de la dicha nuestra horden, lo qual mandamos que esté en su bigor e fuerça, pero nuestra merçed es que aquellos que obieren de ser eletos a los dichos ofiçios, que sean personas ábiles e perteneçientes, que tengan vienes rrayzes, en contía de çien florines de oro de justo peso del cuño de Aragón, en la villa o lugar donde obieren de aver los dichos ofiçios, e que no sean arrendadores de alcabalas, ny de monedas, ny de escribanyas públicas, en oculto ny público, ny clérigo de corona si la truxere abierta el año antes de la eleçión, o en áquel en que fuere eleto, ny aquel que la rreasumiere por alguna cabsa o delito, ny aquellos que son mesoneros, ny texedores, ny carpinteros, ny buhoneros, ny carnyçeros, ny çapateros, ny albañiles, ny tundidores, ny barberos, ny alfayates, ny rrecueros, ny honbre que ande a jornal, ny de los que ganan jornal a cabar, ny aquellos que usan de otros semejantes o baxos ofiçios el año de antes, ny áquel en que fuere eleto, ny en el siguyente; e si alguno luego en el siguyente año usare de alguno de los dichos ofiçios por nos aquy defendidos, que dende en diez años no pueda ser eleto ny nonbrado a alguno de los dichos ofiçios, e que esto se haga e cunpla en los ofiçios de alcaldías e regimientos, pero que en los mayordomazgos e alguazilazgos que aunque usen de alguno de los dichos ofiçios que puedan ser elegidos, tanto que no sean arrendadores de alcabalas, ny de monedas, ny de escribanias públicas, ny clérigos de corona que la ayan traydo e trayan abierta por la forma susodicha, pero que tengan todavía los çient florines en vienes rayzes que an de thener otros ofiçiales; e esto que se haga e use así en las villas e lugares de dozientos veçinos arriba e los que no fueren de tantos que se haga lo mejor que pudieren, todavía hechando las dichas suertes. E rrebocamos e anulamos qualesquyer hordenanças que por aquéllos que se dixeron reformadores ayan seydo hechas de su propio motuo o a ynstançia de alguna parte o partes, conçejo o conçejos de las nuestras villas o lugares o qualesquyer dellos.

 

              // Declara que personas no deben ser elegidos

  de mas de los que se contienen en el estableçimiento de arriba //

 

Ansy mismo mandamos que no puedan ser elegidos por ofiçiales de conçejo las personas que debieren debdas al conçejo, o a las yglesias, o hermitas, o hospitales, fasta tanto que enteramente ayan pagado rrealmente e con hefeto las tales debdas, con tanto que la debda sea líquida e de treçientos mrs arriba, e que no se puedan escusar diziendo que el conçejo es obligado a la tal debda o que si alguna cosa thomaron de los bienes de las yglesias o hospitales que fue para neçesidades de conçejo o por su mandado”.

 

Por esta ley capitular se excluía de la elección para ser alcaldes o regidores a quien no tuviera bienes raíces por un valor determinado, y a los clérigos, a los arrendadores de impuestos y a una serie de oficios que entonces se consideraban “viles”: mesoneros, tejedores, carpinteros, buhoneros, carniceros, zapateros, albañiles, tundidores, barberos, alfayates, recueros, o jornaleros. Si podían ser elegidos para procuradores del concejo o mayordomo de los propios de la villa.

Lo Reyes Católicos la confirman y añaden entre las exclusiones a los deudores al concejo, iglesias u hospitales.

 


A pesar de lo establecido en estas leyes, las elecciones municipales seguían provocando discordias entre los vecinos de Villafáfila y no se cumplían en su literalidad, lo que daba lugar a pleitos y peticiones ante el maestre o los capítulos de la orden.

En el capítulo general celebrado en Valladolid en 1523, acabada la guerra de las Comunidades, se volvió a regular la forma de realizar las elecciones en los pueblos de la Orden. En Villafáfila volvieron a surgir las discordias en la elección, por lo que se recurrió a la corte y en 6 de julio de 1527 se promulga una Provisión Real de Carlos I sobre las elecciones de cargos del regimiento en Villafáfila.

// Don Carlos, por la graçia de Dios, Rey de rromanos e enperador senper augusto, rey de Castilla, de León etc., a vos, my alcalde mayor que es o fuere de las villas y lugares que la Orden de Santiago tiene en Castilla la Vieja e Reynos de León e Galiçia, aquende los puertos, e al conçejo ofiçiales e omes buenos que son o fueren de la villa de Villafáfila, e a los heletores que fueren de aquy delante de los dichos ofiçios del dicho conçejo salud e graçia:

Sepades que en el capítulo general de la dicha horden que se celebró en la villa de Valladolid en el año pasado de quynientos e veynte e tres años, fue fecha una declaraçión e abto capitular sobre las heleçiones de los dichos ofiçios, el thenor de la qual es este que se sigue:

 Yten, por quanto por espirençias se an visto y de cada día se veen muchos pleitos y quystiones e debates sobre las heleçiones de los ofiçios de alcalde e rregidores e alguaziles e mayordomos e otros ofiçios de los conçejos de las villas e lugares de la horden, con la cibdad de Mérida e villa de Xerez, çerca Badajoz, e que las dichas heleçiones no se hazen segund e como conbiene a la buena gobernaçión e rregimiento de la cosa pública, e que sobre ello se hazen muchos sobornos e frabdes e cabtelas, e se cabsan muchos perjurios e se siguen otros ynconbenyentes, platicado sobre todo en el dicho capítulo, e vistos los pareçeres de los del consejo de la dicha horden, e de los que an seydo governadores e bisitadores y de otras personas de buen zelo y que tienen espirençia en estos negoçios, fue hordenado y acordado y asentado por su magestad e por todo el dicho capítulo general, que de aquy adelante qual quyer o quales quyer personas que procuraren por vía de soborno o en otra qualquyer manera de ser helexidos a los dichos ofiçios o a qualquyer dellos, direte o yndirete, que sean ynábiles perpetuamente para ser alcaldes ny rregidores ny thener otros ofiçios de conçejo y heletores dellos, e que en esta misma ayan e encurran los heletores e ofiçiales que hizieren las dichas heleçiones por sobornaçión o ruego o enduzymyento de caballeros o de los que quyeren ser ofiçiales o de otras quales quyer personas; e que qualquyer caballero o persona que procurare por vía de soborno o ynduzimyento de hazer ofiçial a otra persona alguna que yncurra en pena de destierro de un año de la villa o lugar donde acaesçiere, syno que hagan las dichas heleçiones bien e justa e derechamente de las personas que, segund Dios e sus conçiençias, les paresçiere que se deben helegir para la buena administraçión e gobernaçión e rregimiento de los pueblos, e que, demás de las dichas penas, sean en si nyngunas las heleçiones que fueren fechas contra el thenor y forma deste estableçimyento.

E, porque, segund el thenor e forma de su ley capitular, fecha por el ynfante don Enrique, maestre que fue de la dicha horden, que fablando la forma cómo se an de hazer las dichas eleçiones quando ay discordia entre los ofiçiales y heletores, an de ser juramentados dos buenas personas en público e comund conçejo, para que elijan alcaldes e rregidores e otros ofiçiales para el año siguyente, y muchas vezes, syendo conformes la mayor parte de los eletores e casi todos, dizen alguno dellos que no consienten en lo que los demás hazen, porque la heleçión benga a las dos dichas buenas personas, tenyendo confiança que harán lo que quysieren los que discrepan, e, por otros fines e rrespectos, fue declarado e acordado e asentado e mandado por su magestad e por todo el dicho capítulo general que, syendo conforme en el hazer de las dichas heleçiones la mayor parte de los ofiçiales y heletores que las acostunbran hazer, que no se pueda dezir haber discordia,  e que esto mismo sea en la heleçión de las dos buenas personas, las quales an de ser helegidas por los ofiçiales del año próximo pasado e por los eletores  por ellos nonbrados, e an de ser juramentados en público e comund conçejo, como lo dispone la ley capitular del dicho ynfante, e, que quando las dichas heleçiones, segund el thenor e forma de  de la dicha ley capitular e desta declaraçión, vinyeren a las dichas dos buenas personas, que nonbren, para cada ofiçio de los que hubieren de hazer, dos personas, e que entre aquellos hechen suertes, e que al que cupiese la suerte sea abido por elegido y no de otra manera; e si la heleçión vinyere al gobernador o al alcalde mayor segund el tenor de la dicha ley capitular, que el tal governador o alcalde mayor nonbre para los dichos ofiçios las personas que él biere que cunplen a serbiçio de su magestad e bien de los pueblos syn hechar suertes para ello, e que las heleçiones que de otra manera se hizieren sean en sí ningunas como dicho es, e guardando lo contenydo en esta declaraçión  e ley capitular que en todo lo demás quede en su fuerça e vigor las leyes capitulares de la dicha horden que sobrello disponen en quanto no son contrarias a esta .

E agora por parte de vos el dicho conçejo me fue suplicado e pedido por merçed, mandase guardar e conplir en esa dicha villa lo conthenydo en la dicha declaraçión e abto capitular, o como la mi merçed fuese,  e yo,  con acuerdo de los de mi consejo de la dicha horden,  tóbelo por bien, mandé dar sobre ello esta my carta por la qual vos mando que beades la dicha declaraçión e abto capitular que de suso va yncorporado, e lo guardedes e conprades y executedes e fagades guardar e conplir e executar en todo e por todo segund que en  él  se contiene, y contra el thenor e forma de lo en el conthenido no bayays, ny paseys, ny consintais, yr ny pasar agora ny en todo tiempo alguno ny por alguna manera, so las penas en el conthenydas, las quales mando a vos las dichas justiçias e a cada uno de vos que executéis en los que en ellas yncurreieren, e los unos ny los otros no fagades ny fagan ende al por alguna manera, so pena de la my mçd e de diez myll mrs. para la my cámara  cada uno que lo contrario hiziere .

El conde don Garçia Manrrique . Licençiado Luxán. Dr Flórez .

Yo Fco Guerrero, escribano de cámara de su cesárea e cathólica magestad, la fize escrevir por su mandado con acuerdo de los del su consejo de las hórdenes.

 

En las espaldas de la probisión están los abtos siguyentes:

En la villa de Villafáfila a seys días del mes de julio de myll e quynientos e veynte e siete años, paresçió ante los señores Alonso Tejado y Andrés Manso, alcaldes, e Françisco de Traslago e Pedro de Almança e Pedro de Muélledes e Gº Martínez, regidores, Pero Martínez, procurador desta villa, e presentó ante los dichos señores esta probisión desta otra parte conthenyda, e pidió la cunplan segund e de la manera que en ella se conthiene, e pidiólo por testimonio.

Testigos Alonso Fernández e Jerónimo Fernández e Pedro Carpintero vezinos desta villa. (A.R.Ch.V. Pérez Alonso 516 f).

Los testimonios sobre la dificultad de aplicación estricta de las leyes capitulares que tratan de las elecciones son uno de los asuntos principales en el pleito que trajo el concejo con don Bernardino Pimentel entre 1543 y 1551, después de ser enajenada la villa; y tanto los testigolo0s del marqués como los de la parte de Villafáfila se refieren a ello (A.R.Ch.V. Pérez Alonso f. C.515-1 y 516-1).

Según estos testigos propuestos por la parte del concejo, las leyes capitulares se adaptaban a los usos de la villa, eligiendo sólo a dos candidatos para cada puesto, y permitiendo que desempeñaran los cargos vecinos que ejercían oficios profesionales a los que le estaba vedado el acceso a esas funciones. Además, antes de los cinco años de latencia, las mismas personas podían volver a ser elegidos.

Así Andrés Manso, labrador de 65 años, que había desempeñado varios años cargos de justicia o regimiento recuerda que:

En la villa de Villafáfila, siendo de la horden de Santiago, ubo el libro de establecimyentos e hordenenças e leyes capitulares y la confirmaçión de las dichas leyes hechas por los señores Reyes cathólicos, de gloriosa memoria, don Fernando y doña Ysabel,....

 ...espeçialmente se guardaban e an guardado en la dicha villa e su tierra las leyes y estableçimientos que hablan de las penas e thérminos e pesos e medidas e otras cosas,...

...en todas las eleçiones que este testigo ha visto, se an nonbrado quatro personas para dos alcaldías de la dicha villa e manda la ley que se nonbren tres personas para cada alcaldía y se an nonbrado y helegido para la justiçia y regidores della personas contra la dicha ley diez e siete, que an seydo personas que an thenydo ofiçios de texedor e herrador e otros cortidores...

...e en el capítulo de la dicha ley en que manda que el que fuere alcalde no torne a ser helegido ny tener el ofiçio en çinco años, tampoco se a guardado la dicha ley, porque algunas personas a visto en la dicha villa ser alcaldes un año, e dende en tres años o quatro thornar otra vez a ser alcaldes a cabsa de no aver en la dicha villa personas áviles para el dicho ofiçio de  alcaldía hordinaria; ...

...e en los libros del conçejo se asientan las eleçiones de alcaldes e regidores e procurador e diezes



Otro testigo, Francisco Martínez de San Juan, de la misma edad y calidad que el anterior, y reitera:

se nonbraban para las alcaldías cuatro honbres buenos, y los que salían primero en las suertes quedaban por alcaldes hordinarios aquel año;... y que la ley diez y siete que habla en las personas que an de ser ofiçiales en los pueblos de la dicha horden de Santiago e qué hazienda an de thener, que tanpoco se a guardado en la dicha villa ... y an nonbrado y elegido a personas que an tenido ofiçios de los prohíbidos por la dicha ley y an usado sus ofiçios en el año en que fueron helexidos”,

y confirma que habían desempeñado los cargos personas artesanas, de las declaradas prohibidas en la leyes:

fueron alcaldes e regidores de la dicha villa de Villafáfila cortidores e perayles e texedores e procuradores e herradores e mesoneros e carnyçeros, ansy mesmo an seydo regidores...

Y que no se había respetado la cadencia de 5 años para volver a ser elegido:

Se a acostunbrado que los regidores que an regido e rigen esta villa un año que dende a dos años o tres años como acaesçía, an tornado otra bez a ser helegidos por el dicho conçejo e a rregir e gobernar la dicha villa.... e vyo ser alcaldes e regidores e procurador desta villa carnisçeros e çapateros e sastres e cortidores e aún herreros e herradores, e tanbién a visto ser perayles e texedores regidores e alcaldes,  y an sido y son honbres honrados e abonados e ábiles para los dichos ofiçios e los más vezinos de la dicha villa son pobres e trabajadores e de poco cabdal e no sabyan ny podían sufryr ny servir los dichos ofiçios; ...Juan de la Cámara, çapatero, Juan de Santa Cruz, cortidor, Alonso de Santa Cruz, cortidor, Obregón, herrador, Alonso de la Cámara, enperayle, Bernardino Sayago, texedor, han sido alcaldes e regidores”.

Otros testigos presentados por la parte del Marqués de Tábara como Juan García de Morales de 70 años, confirman lo manifestado por los testigos del concejo:

vio que la ley diez e seis no se guardaba ny guardó en todo, porque por la dicha ley pareçe que para cada alcaldía nonbrasen tres personas e este testigo ha visto e vio que no an nonbrado ny nonbran más de dos personas para cada alcaldía

 En el testimonio de Bartolomé Manso, vecino de Otero y natural de Villafáfila encontramos una justificación:

si se ubiese de hazer e usar en la dicha villa que los regidores que un año ubiesen sido regidores que no lo tornasen a ser dende en çinco años, que en la dicha villa no abría quyen la rigiese ny gobernase;

...vio ser alcaldes e rregidores e procuradores en la dicha villa carnyçeros e çapateros e sastres e cortidores e aún herreros e herradores, y tanvién ha visto ser parayles e texedores regidores e alcaldes, e usar los dihos ofiçios en ella libre e paçíficamente, ...porque los más de los vezinos de la dicha villa son pobres e trabajadores e de poco cabdal...

... que abía pocas personas en la dicha villa que pudiesen ser rregidores e procurador ny alcaldes en la dicha villa porque, aunque el pueblo de Villafáfila es grande e de mucha vezindad, ay en él muchos pobres e moços e otras personas de poca sustançia e abilidad para los dichos ofiçios

 Las diferencias que surgían entre los vecinos por no cumplir las dichas leyes capitulares cuando se procedía a las elecciones se sustanciaban recurriendo por los agraviados ante la Corte, concretamente ante el Consejo de Órdenes:

se acuerda que podía aver quatro años, poco más o menos tienpo, que, a cabsa de no aver personas ábiles e conforme a la ley capitular para los dichos ofiçios de alcaldes e regidores de la dicha villa, queryan corronper la dicha ley algunos vezinos de la dicha villa, e este testigo vio que algunos vezinos particulares de la dicha villa, espeçialmente los hidalgos della, ynbiaron al consejo de las hórdenes a un Gonzalo Carrillo, vezino del lugar de Revellinos, e truxo una probisión hemanada del dicho consejo de las hórdenes, por la qual mandaron al conçejo de la dicha villa e alcalde mayor della que guardasen e hiziesen guardar las leyes capitulares”.

En el siglo XVI la elección se llevaba a cabo el día 24 de junio, no hay testimonios desde cuando data esta costumbre. Posiblemente se remontara a la Edad Media, pues la fiesta de San Juan era muy celebrada y en torno a ella se ajustaban los criados por todo el año, aunque también coincide con la estancia del Rey Fernando en la villa en 1506, y pudo ser ocasión de renovar, como maestre de Santiago que era, los oficios del regimiento de la villa:

por el día de San Juan de cada un año se juntaban en las casas de consistorio de la dicha villa en su conçejo y allí juntos, el conçejo de la dicha villa nonbraba y elegía alcaldes e rregidores e procurador...”

Lista de candidatos a oficios municipales de justicia y regimiento


Los oficiales salientes reunidos en las casas consistoriales nombraban dos personas por cada oficio de alcalde, regidor y procurador, y los echaban en un cántaro o en un sombrero, y los sacaban por suertes:

escriben los nonbres de las tales personas en unas cédulas, y después de escritas y dobladas, las hechan en un cántaro o en un sonbrero o caperuça, e después, junto el conçejo de la dicha villa, públicamente un mochacho o persona sin sospecha saca las dichas suertes”.

Otro de los puntos de conflicto que se suscitaban con más frecuencia era la pretensión de los alcaldes mayores de querer intervenir en las elecciones anuales de los oficios de alcaldes ordinarios y regidores.

Los testigos presentados por la villa en el pleito anteriormente citado dicen que el alcalde mayor nunca se hallaba presente en las elecciones, salvo cuando había discordias, entonces se juntaba el alcalde mayor con dos hombres principales nombrados a propósito para resolver las diferencias:

que como el tal alcalde mayor era letrado, el conçejo de la dicha villa en cosas que querían hazer e que tenían dudas, les pedían pareçer... les deçían a los tales alcaldes mayores, allándose en los dichos conçejos, que avyan entrado syn que los llamasen que se saliesen de allí deçiendo: señor se salga de nro conçejo y denos lugar a que agamos nro conçejo porque no queremos se sepa lo que hazemos a este caso que nos juntamos”.

Diego Ruiz Sarmiento, nacido en 1503, vecino de Fuentidueña, testigo presentado por la parte de don Bernardino en el pleito con la villa en 1543, fue alcalde mayor de Villafáfila unos dos años, y ofrece su propio testimonio:


a tenido seis ofiçios de juez en muchos lugares de la horden, e a estado algunas bezes en la heleçión de los ofiçios de las dichas villas e lugares de los prençipales de la dicha horden, ansy como Llerena, e Azuaga e Guadalcanal e Villafáfila ... ha tenido cargo de justiçia de honçe años a esta parte (desde los 29 años); ... a oydo deçir a Juan de Santa Cruz e Borregán e Movilla e un hermano del prior de San Marcos e a otros vezinos de Villafáfila que las dichas leyes no se guardaban en la dicha villa en la eleçión de los ofiçios, sy no a seydo de ocho o nueve años a esta parte,[había sido en 1527] que ubo diferençias en la dicha villa entre hidalgos y labradores sobre la dicha heleçión e que Valderrabano, fiscal de la horden de Santiago, avía ydo a la dicha villa e avía mandado que de allí adelante guardasen en la dicha villa las dichas leyes, e que nonbrasen la meytad de los ofiçiales de los hijosdalgo e la otra meytad de los buenos honbres pecheros, porque hasta entonçes no se solía nonbrar ny nonbraba nynguno hidalgo por alcalde en la dicha villa....; en el tienpo y años que este testigo fue juez e tubo cargo de justiçia en la dicha villa de Villafáfila ... que el gobernador o alcalde mayor, que al tienpo de las dicha heleçiones hera en la dicha villa, hazía tañer a conçejo, e los alcaldes e rregidores, sin que el dicho alcalde mayor tubiese boto en las dichas eleçiones, nonbraban quatro vezinos que con los dichos alcaldes e rregidores se juntaban e estando presente el dicho alcalde mayor e ansí juntos nonbraban”.

En el caso de que los oficiales salientes no se pusieran de acuerdo en nombrar alcaldes o regidores, se tañía a concejo y junto todo el pueblo, les decía el alcalde mayor que había discordias y que el concejo nombrase dos buenos hombres que eligiesen ellos a los alcaldes y regidores del año siguiente. Si el concejo no se concertaba en el nombramiento o los dos buenos hombres no se ponían de acuerdo, entonces la elección la hacía el propio alcalde mayor. Según relata en su testimonio el referido Licenciado Ruiz Sarmiento, cuando fue alcalde mayor en la villa, en 1537-1538, se halló en la dicha villa presente en dos elecciones y no hubo discordias, pero que, Juan de Santa Cruz y otros vecinos, le dijeron que no entrase en la elección porque no se acostumbraba a ello, pero, no obstante, él entró diciendo que se había de guardar las Leyes Capitulares de la Orden, que sobre ello trataban.

Uno de estos episodios de diferencias a la hora de elegir nos los relata Alonso Borregán, un hidalgo de la villa, de 50 años en 1543:


se acuerda que podía aber siete o ocho años, siendo el dotor Sarmyento alcalde Mayor y este testigo regidor, hubo diferençias en la dicha villa entre vezinos della sobre si sería Françisco de Caramaçana alcalde o no, que entonçes el dicho dotor Sarmyento mandó que nonbrasen los regidores que allí estaban dos honbres de cada parte, los que thenyan las dicha diferençias sobre la dicha heleçión, para que aquellas personas nonbradas dixesen si hera bien que fuese alcalde el dicho Caramaçana, e para hazer la heleçión del dicho ofiçio juntamente con los dichos regidores e alcalde mayor de la dicha villa nonbraron a Martín de Barrio, e a Juan de Santa Cruz, e a Françisco Martínez, e a Andrés Manso, e hizieron la dicha heleçión y quedó por alcalde Fançisco de Caramaçana”.

 

Elecciones de 1541




Los libros del regimiento de los años 1537 y 1538 registran las elecciones de esos años y cómo el licenciado Diego Ruiz Sarmiento mandó que las elecciones de alcaldes ordinarios y regidores se hicieran conforme a la Ley Capitular y eligieron cuatro hombres buenos, para elegir junto a los oficiales salientes. Después a los que salieron en las suertes “el señor alcalde mayor tomó juramento en forma debida de derecho”. El año siguiente Francisco Ruiz, “juez de residencia e justiçia mayor en este partido por su magestad”, también requirió a los oficiales de ese año para que hiciesen la elección conforme a la ley capitular. En el año 1540 se hicieron las elecciones sin la presencia del alcalde mayor, y al año siguiente sí que se hallaba presente:


“ a veynte e quatro días del mes de junyo de quynyentos e quarenta e un años, estando en rregimyento el noble señor bachiller Antonyo de Chaves, alcalde mayor en este partido de Santiago, e los señores Baltasar de Movilla e Françisco de Caramaçana, alcaldes, e Diego de Villagómez e Juan Garçía de Losada e Juan Manso e Juan de Muélledes, regidores, e Alonso de la Cámara, procurador, entendiendo e platicando en la heleçion que se a de hazer para alcaldes, regidores e procurador el presente año, aviendo platicado mucho sobre ello, aviendo para ello hecho el juramento que se rrequiere”, procedieron a hacer  la elección.

 

Aunque los alcaldes mayores de la Orden de Santiago no intervenían en la elección, sí tenían capacidad para destituir a alguno de los oficiales del concejo, cuando cometían algún delito, como hizo el Licenciado Rodrigo de Figueroa en 1517 (A.H.N OO.MM.Pleito 6408):


Ayuntamiento de 1540-41

 

sabe que luego que aquy vino por alcalde mayor, jugaban algunos e que los castigó e fueron un Pedro García y un Gonzalo Ballesteros, que hera el uno alcalde y el otro regidor e los privó de los ofiçios por que recurrieron corona”

Mientras se sustanciaba la causa fueron relevados de sus oficios: “e pusieron él y el conçejo desta villa otro alcalde y otro regidor”.




Ley que permite a los hidalgos ser regidores

Como ya apunté anteriormente, bien entrado el siglo XVI las alcaldías eran desempeñadas por vecinos pertenecientes al estado general, y los hidalgos no eran elegidos para ello, aunque durante el periodo de ocupación de la villa por parte de los Pimentel, a finales del siglo XV, algunos hidalgos como Fernando de Villacorta o Pedro de Melgar, criados de don Pedro Pimentel, habían desempeñado el oficio de alcalde (A.R.Ch.V. Hidalgos, C.159-4):

en aquel tienpo los alcaldes ordinarios eran entranbos del estado de los pecheros e de veynte años aca [1528] por pleito sacaron el alcalde los hidalgos

Según las referencias a la constitución del concejo en 1526 se eligió por primera vez un hidalgo, Francisco de Robles como alcalde, pero en año 1527 se volvieron a elegir dos labradores pecheros para las alcaldías, lo que provocó la protesta de los nobles ante el Consejo de Órdenes, y a partir de 1528 siempre cada una de las dos alcaldías eran desempeñadas por miembros de ambos estados.

domingo, 16 de junio de 2024

El Concejo de Villafáfila durante el señorío de la Orden de Santiago

     

El Concejo de Villafáfila durante el señorío de la Orden de Santiago


Carta autógrafa de los Reyes Católicos al concejo de Villafáfila sobre el pago de alcabalas, 1498


 

El concejo era la asamblea de los vecinos de una ciudad, villa o aldea reunidos para tratar de los asuntos concernientes a cualquier interés o circunstancia que les afectara.

Según Martìnez Sopena, en las villas y ciudades de los reinos de Leòn y Castilla el concilium, asamblea que reunía a  los vecinos, fue afirmando su protagonismo a lo largo del siglo XII y, originando magistraturas propias o cambiando de contenido los órganos existentes, dio paso al Concejo dotado de variadas competencias en el gobierno urbano y de su territorio. Paralelamente declinaba el poder del antiguo “palacio” o poder regio, rector de la vida política desde el siglo X, y se reducían las competencias del tenente o domus villae, el representante real. En suma, el palatium desapareció ante el concilium”.

A partir de mediados del siglo la presencia del concejo como visor, oidor y confirmante de las operaciones de compraventa o donaciones documentadas son un testimonio de la evolución del poder en la villa.

El concejo de Villafáfila aparece citado por primera vez en 1165, en que actúa en una donación al Monasterio de Vega (Valladolid) como "auditores et sapitores", es decir como entendidos e interesados en el asunto (Serrano L.1927. Doc. 59). Antes, en 1147, ya se documenta el concejo de Terrones, una de las aldeas que pasan a integrar la nueva villa, cuando el presbítero Cipriano actuando conjuntamente con el concejo: "ego Ciprianus presbiter una cum concilio de Terrones", hacen donación de la iglesia de Santa María (Vignau V. 1885. Doc. LXXVIII).

El concejo, al tiempo que se convierte en órgano de gobierno de las villas y ciudades, deja de estar abierto de par en par. Sólo participan en el mismo los que tienen la condición de "vecinos" que es diferente de la de morador o residente. El vecino ha de tener una residencia fija en la villa y una capacidad económica para hacer frente al pago de los pechos o tributos debidos. Quedan excluidos del mismo los moradores eventuales y los  que tienen que trabajar al servicio de algún vecino y contraen con él lazos de dependencia personal.

En la práctica, al menos en el caso de la ciudad de Zamora, el concejo no se trata de una asamblea universal, sino de una asamblea abierta en la que participan los caballeros y los "hombres buenos" (Bueno Domínguez M.L.1991). En el caso que nos ocupa, desde el siglo XIII, independientemente de que la villa fuera de realengo o de su pertenencia a la Orden de Santiago, el concejo se va convirtiendo en una entidad jurídica que integran los vecinos del lugar, que ejercen una serie de competencias propias.

    Las facultades del concejo para intervenir en la regulación de las actividades de la villa y del alfoz eran muy amplias, y los ejemplos de intervenciones son muy variados. Así los vecinos reunidos en concejo participan como testigos de las transacciones entre particulares, como la anteriormente mencionada en 1165, y al concejo de Villafáfila se dirige el rey Alfonso IX para comunicarles la donación de una heredad en su término (Alfonso Antón I. 1986. Doc 69): Alfonsus, Dei gratia Legionis rex, vobis concilio et alcallibus de Villa Fáfila salutem. Sepiatis quod ego outorgo monesterio de Moreyrolla illam hereditatem de Bretocino et de Villa Fáfila, quas habeat de meo rregalengo”,

Pleito entre el concejo de Villafáfila y el de Alija sobre contribuciones


  y tiene capacidad para enfrentarse al mismo monasterio de Moreruela en 1256 por el aprovechamiento de unos montes, interfiriéndole en el uso y disfrute de la propia hacienda monástica en Villafáfila y llegando finalmente a un acuerdo con los monjes (A.H.P.Za. Desamortización C.234-1).

    El concejo tiene facultad para llegar a acuerdos con otras instituciones en materias económicas que afectan a los vecinos, tanto de la villa como de las aldeas, como es el caso del convenio firmado entre el concejo de Villafáfila y el obispo de Astorga sobre diezmos y primicias de la sal que se había concertado en el reinado de Alfonso IX, por cuya intervención se realizó, y que se escrituró en 1235. El concejo no sólo tiene capacidad para fijar la cantidad que deben pagar de diezmos los vecinos de la villa y de su tierra, sino que tiene potestad para conceder a la iglesia la posibilidad de adquirir tierras y viñas en Villafáfila (A.D.A. Car.II nº 46. Pub. Cabero C. 1987: doc IV): 

Y también el concejo de Villafáfila concedió que la iglesia astorgana pudiese, con cualquier clase de título de compra o donación o cualquiera otro título, adquirir y tener en Villafáfila y en su término cuatro yugadas de bueyes y veinte aranzadas de viñas y cuatro torvadas de sal”.

Documento con el sello perdido del concejo de Villafáfila de 1235. Quedan los hilos sueltos. 


    El concejo recaudaba los tributos señoriales y reales, y en 1272 el rey manda a varios concejos, entre ellos al de Villafáfila “que no metiesen consigo el pagar los yantares del rey a los vasallos de la iglesia y obispo que morasen entre ellos”[1]

        Y ante el concejo reunido en la plaza a son de campana presentan sus poderes los representantes del maestre o del comendador al llegar a la villa para tomar la posesión de la misma cuando se producen cambios en estos cargos, pero no solamente requieren al concejo para que acepten el vasallaje, a que están obligados con su señor, sino que ante el concejo juran guardar los buenos usos, costumbres y fueros de la villa, así como las provisiones emanadas en su favor, como ejemplo los representantes del maestre don Juan Pacheco se comprometen a que: 

    el dicho señor maestre guardará e fará guardar al conçejo e vesynos de esta dicha villa e su tierra todos sus previllejos, cartas e avytaçiones e merçedes e franquisias e esençiones que la dicha villa e vesynos della tengan de los maestres de Santiago, sus anteçesores, e que les guardará e fará guardar sus buenos usos e costunbres e su fuero, segund que mejor e más cunplidamente les fueron guardados fasta en tiempo de los dichos maestres sus anteçesores” (A.H.N. NOBLEZA. Frías Leg. 664, doc 69); 

y en 1506 el representante del comendador Frenando de Vega jura: “que el dicho señor Fernando de Vega, comendador, guardaría los previllejos e todos los buenos husos e costunbres que esta dicha villa de Villafáfila tiene, e que si ansy lo fiziese que Dios le ayudase en este mundo al cuerpo e en el otro al ányma, donde mas avía de durar, e sy lo contrario fiziese que se lo demandase

Al concejo recurre el monasterio de San Marcos de León para que le acudan con los diezmos que le son debidos por parte de los vecinos de la villa y tierra en 1482, y el concejo manda: 

que qualquiera que devyere deezmos al monasteryo de San Marcos que acudan con ello a Bartolome de Fayas sopryor del dicho monesteryo o quyen su poder oviere y no a otro ninguno, et los quales pregones de dio uno en el conçejo y otro a cada puerta de la villa”.

En 1495, inducidos por don Pedro Pimentel, que detentaba la tenencia de la villa, el concejo se niega a dar posada a los criados del obispo de Astorga ni paneras para recoger el pan de sus diezmos, y los reyes tienen que enviar  una carta al concejo y sus oficiales para que no interfieran en estas necesidades del obispo.

Cédula de los Reyes Católicos al concejo de Villafáfila para que no estorben al obispo de Astorga recoger sus diezmos


En 1496 el concejo reunido en la plaza solicita el arrendamiento de las alcabalas al Conde de Benavente y de las alvalerías y del monte de Quintos a don Pedro Pimentel, actuando mancomunadamente, aunque algunas de estas actividades (la ganadería o la fabricación de sal) sólo afectaban a los vecinos más ricos de la villa.

Entre las facultades propias o competencias que el mismo concejo define ante los enviados del maestre de la Orden de Santiago en su enfrentamiento con el comendador en 1417 se explicitan:

-la de hacer ordenanzas para el funcionamiento cotidiano de las actividades de los vecinos: "el dicho concejo estando en posesyón de fazer e hordenar entre sy hordenanças e hestatuttos que cumplían a procomún" ;

-tener a su cargo la cárcel pública: “en posesión e huso e costumbre de tener por ellos cárcel publica del concejo en que estubiesen los presos cada e cuando que cumpliese”,

-la facultad de abrir y cerrar las puertas de la villa: “que ellos tenyendo la posesyón sobredicha de tener las llaves de las puertas de la dicha villa e para cerrar e abrir las dichas puertas, cada que entendiesen que cumpliesen a serbicio del dicho señor maestre e procomún de la dicha villa e de los vezinos e moradores de ella”,

Asimismo, entre sus prerrogativas figuraban poder hacer derramamientos, o reparto entre los vecinos de los tributos y pechos reales. También intervenía en la convocatoria de huestes para la guerra, que solían acudir todas juntas bajo la "seña" del concejo. Tener el monopolio de la carnicería, pescadería, que las arrendaba anualmente al mejor postor, y la regulación de los mercados.

Generalmente el concejo reunía sólo a los vecinos de la villa, y cada aldea hacía sus propias asambleas, pero cuando el asunto a tratar era importante, acudían algunos vecinos de las aldeas al concejo de la villa. Así en 1496, cuando se arriendan las alcabalas a don Pedro Pimentel, se hallan presentes en el concejo que se obliga a ello: “ Fernando García del Pozo e Alonso de Caramaçana el moço, vesinos del lugar de Revellinos”, y dos años más tarde, cuando se niegan los vecinos a pagar las alcabalas al Conde de Benavente, mientras no presente mandato de los reyes, se reúne un concejo restringido en la iglesia de San Martín, al que acuden: “Alonso Tartalla e Juan Pandín, procuradores de Santagustín e Revellinos

        Las reuniones del concejo se hacían siempre en el mismo sitio, generalmente en la plaza pública, convocados los vecinos a son de campana tañida para tratar de las cosas concernientes al bien y procomún: “... de mill e qtºçientos e ochenta e dos años [1482], este día estando en conçejo en la plaça de dicha villa ... otros muchos vesinos la mayor parte de la villa, estando en su conçejo a canpana tañyda segund que lo an de uso e costunbre”.


Reunión del concejo en la plaza de San Martín en 1468


        Cuando en 1522 se construyó la casa de ayuntamiento donde actualmente se halla, los vecinos se empezaron a reunir en la actual Plaza del Reloj, hasta entonces las reuniones se hacían en la Plaza de San Martín, cuya campana se tañía para convocar el concejo, para lo cual existía un convenio entre la iglesia y el concejo, y ahí se reúne en 1468 para recibir a los enviados del nuevo maestre de Santiago (A.H.N. NOBLEZA. Frías Leg. 664, doc 69): ayuntados en su conçejo a campana tañida en la plaza de Sant Martín de la dicha villa, segund que lo han de uso e de costumbre de se ayuntar

        Pero cuando el concejo era restringido o por causa del mal tiempo se solían juntar en la iglesia de San Martín o de Santa María (A.H.N. OO.MM. Pleito 2241): Alguna vez se ayunta el conçejo en alguna yglesia y otra vez en casa del alcalde mayor o de  algún alcalde o de algún rexidor ”.

        De ello tenemos referencias documentales, como el 30 de mayo de 1504 que se celebra en la iglesia de Nuestra Señora (A.R.Ch.V.Varela olv.C.3261-6).; o en 1506 cuando se juntan: en conçejo a canpana tañida en la posada del señor Bachiller Rodrigo de Figueroa, Alcalde Mayor”; 

y en mayo de 1513 se reúne el concejo (A.M.B Leg.103-1): estando en casa de Frcº de Muélledes, prcº de conçejo desta villa los señores de regimuyento desta villa ... ansy todos juntos en su regimyento;

o en 1519 (A.H.N. OO.MM. Pleito 2241): nos el conçejo, alcaldes e homes buenos desta villa de Villafáflia estando en conçejo en la iglesia del señor San Martín llamados por son de canpana tañida según que lo habemos de uso e costunbre de nos ayuntar cada e quando nos haçe menester para entender en las cosas conplideras al bien e procomún del dicho conçejo e vezinos

Si el asunto era de importancia se trataba en concejo abierto, como la decisión de pagar o no las alcabalas al Conde de Benavente en 1498: “todos los más de los labradores y buenos honbres que en el dicho conçejo se fallaron dixeron a boses e callando que no pagarían las dichas alcabalas”; 

y cuando no requería la aprobación del común de los vecinos se hacían reuniones restringidas al regimiento de la villa.

        A veces el concejo sólo reunía a los pecheros, y los hidalgos hacían sus propios concejos como testimonia en 1481 Pedro Xuárez de Valdés en un pleito de hidalguía (A.R.Ch.V. Pergaminos C.67-7): que siempre se avía visto a los dichos Alvaro de León i Juan de Villagómez, i a los dichos sus padre i abuelo, i a cada ubo dellos en su tpo ayuntarse con los otros omes fijosdalgo de la dicha villa de Villafáfila, sus veçinos, i en sus ayuntamientos i allegamientos i repartimientos, asy como omes fijosdalgo i no con los omes buenos pecheros de la dicha villa” . 

        Y cuando se reunían en un concejo único, en los documentos más antiguos se citan en grupos diferenciados los clérigos, los escuderos y los hombres buenos pecheros, como el 1482: “estando ay presentes Alonso Ferrández, arçipreste, e Juan González, clérigo e Fernán González, clérigo; y estando ay presentes Yván de Collantes e Fernando de Robles e Pº de Porras e Luys de Barryo e Fernando Fernández e Fernando de Villacorta e Juan de Villagómez, escuderos;  e estando presentes Pº Martínez el Viejo, e Pº Martínez el Mozo, e Pº de la Cámara e otros muchos vesinos la mayor parte de la villa, estando en su conçejo”.

El concejo de Villafáfila no contaba con bienes propios para sus gastos, hasta que en el siglo XVI, mediante ordenanzas aprobadas por el rey, consiguió que en verano pudieran quedar en los términos unas tres mil cabezas de ganado que pagaban (A.R.Ch.V. Pérez Alonso f. 515-1). Anteriormente los únicos propios eran: “las penas del canpo e los ralladeros de las salinas e çiertos texares, unos años en diez myll mrs e otros en más e otros en menos, ...el conçejo de Villafáfila no tenya syno fasta seis o siete myll mrs de propios en cada año”.

Son frecuentes los pleitos que movía el concejo contra los que querían ser reconocidos como hijosdalgo. Este es de 1526


Para certificar la veracidad de los documentos firmados en nombre del concejo aparece el sello concejil, del que tenemos referencias desde el siglo XIII; en 1235 en el documento de acuerdo entre el obispo de Astorga y los vecinos de Villafáfila sobre los diezmos de la sal figuran tres sellos, el del obispo don Nuño, el del cabildo de Astorga y el del concejo de Villafáfila: “sigillis episcopi et capitulo astoricensis et concilii de Villa Fafila roborata”; y en 1256 el monasterio de Moreruela y el concejo de Villafáfila ponen su sello en el documento de su avenencia para dar más firmeza a lo acordado: “en testimonio e que no podamus venir en contra ponemos en ellas nros sellos colgados”.

Incluso los vecinos particulares que no tienen sello propio solicitan al concejo que ponga el suyo para solemnizar sus documentos, como en 1283 en un concierto privado entre un Pedro Fernández y su familia y la Orden de Santiago sobre la posesión de una salina y otras propiedades (A.H.N. OO.MM. C.88, Nº 77): “e otrosí yo, Pero Fernández, por mí e por los deván dichos mía mujer e míos fiyos, rrogué al conçeyo de Villafáfila que mandase y poner este so sello colgado, e nos el conçeyo sobredicho, a rruego de Pero Fernández mandaimos aseellar esta carta con este nuestro seello colgado”,

y que, lamentablemente, ha desaparecido de estos documentos, quedando sòlo los hilos de lino de los que pendìa, y un testimonio de principios del siglo XVIII de López Agurleta, gran estudioso de la Orden de Santiago, que lo tuvo en sus manos: “tomó la villa de Villafáfila por armas una Vandera, que sin duda es la de Santiago y por orla estas letras “Sancti Spiritus gratia sit nobiscum”. Es la carta donde está este sello de Villafáfila en febrero del año 1283 en que el maestre don Pedro Núñez dio allí cierto término a D.Pedro Fernández de Cereysinos,

... huvo el concejo de Villafáfila de elegir Armas concernientes a ser cabeza de la Orden, porque su sello de que usaba en 1283 se ve orlado con las letras Cabeza o principio de la Regla que son: Sancti Spiritus gratia, la qual se lee en los capítulos generales o solemnes como esta carta los llama, y en medio tiene una Vandera con cruz de la Orden Brazos iguales, y otro bulto, que si no es Concha parece Cabeza

En otra obra de Agurleta menciona también las armas de Villafáfila[2]: “Sancti Spiritui adsit nobis gratia , que es el mote de las armas de Vill-Fafila, quando esperaba esta villa ser cabeza de la Orden

                 

La construcción de la casa de Ayuntamiento



Ayuntamiento viejo


Desde la alta Edad Media las asambleas de vecinos se reunían al aire libre para tratar los asuntos de su interés. Con la organización de las villas reales los nuevos concejos, abiertos a todos los vecinos se reunían en las plazas de las villas, en los mercados o en los atrios de alguna iglesia.

Las Leyes Capitulares de la Orden de Santiago, recapituladas siendo maestre, el Infante don Enrique, prohibían expresamente la celebración de los concejos en las iglesias (A.H.N. OO.MM. Libro 1325):

En todas las más villas e lugares de tierra de nuestra orden se fazen los conçejos e ayuntamyentos de conçejo en los portales de la yglesia, en los quales conçejos se fablan e dizen muchas torpes e desonestas palabras, e se mueven muchas porfías e aún ruydos e escándalos e se dan muchas vozes, en estorvo del serviçio de Dios, así de las misas ordinales ofiçios, como de los sermones.

Nos, por quitar esta desonestidad e estorvo, ordenamos e mandamos que, de aquí adelante, los conçejos no fagan sus ayuntamyentos conçegiles en los dichos portales de las yglesias ni junto a las paredes dellas, porque el serviçio de Dios no sea estorvado.

Qualquier conçejo que lo contrario fiziere pague e peche en pena, por cada vez, çincuenta mrs para el reparo de la yglesia.”

En Villafáfila los concejos se reunían a campana tañida en la plaza de San Martín, por carecer de un local concejil donde reunirse y los alcaldes tenían que hacer su audiencia a la intemperie o en los soportales que daban a la plaza: “En la dicha vylla no ay casa de Ayuntamyento, ny avdiençia, ny cárçel, donde vos el conçejo della, ny los alcaldes hordinarios della, se pueden ayuntar ny hazer avdiençia, e donde los delinquentes se puedan estar a buen recabdo, e que a cavsa de no aber cárçel se an soltado muchos presos”.

Los visitadores habían mandado desde 1501 que se construyera una casa de ayuntamiento y cárcel, pero el concejo no lo había hecho alegando la falta de propios para tal fin. Antes de 1519 el concejo había comprado una casa con su bodega, cubas y lagar en un rincón de la villa para que sirviera como casa de Ayuntamiento, pero la bodega está arruinada, y nunca se habían juntado en ella. Ese año el concejo solicita a Consejo de la Orden licencia para vender esa casa vieja que habían comprado con este objeto para poder pagar la construcción de una nueva casa de ayuntamiento en unos suelos que el concejo tenía en la plaza, y para poder comprar y unir otros que están al lado.

Ante la petición del concejo al rey, desde la Corte del recién llegado Carlos I que estaba en Ávila, se manda una Provisión Real emitida en abril de 1519, para que el alcalde mayor haga toda la información acerca del particular y envíe el informe al Consejo de las Órdenes, para mejor determinar. Después de leída y acatada la dicha provisión de la manera acostumbrada, es decir, besándola y poniéndola sobre sus cabezas, el concejo se dispone a su cumplimiento.

El 28 de junio se reúnen los alcaldes, regidores y diputados del concejo en la posada del señor Alcalde Mayor y acordaron que se vendiesen las casas viejas para construir la nueva en los suelos que ya tenía el concejo en la plaza:

porque el conçejo no se puede aprovechar dellas, ansí por no estar en lugar convenible para se ayuntar el dicho conçejo, como por estar en un rincón de la dicha villa”,

y con ese dinero se compren un solar que Francisco Arias, un vecino de Villafáfila, de oficio mercader y de origen judío, tiene junto a ellos.

Para tasar las casas hicieron parecer a “Diego Marbán y a Andrés Seco, vºs desta villa, alvañyres e carpinteros que son en esta vylla”. Tasaron las casas de Francisco Arias en 11.500 mrs, y para hacer el nuevo ayuntamiento se gastarían otros 9.500 o 10.000 mrs.

Los testigos que toman refieren la necesidad de la nueva construcción, porque por no haber habido cárcel se escapan los presos: podía aver quinze dias poco más o menos que se fue de la dicha cárçel una muger que estava presa en ella”.

         Como no había cárcel, a pesar de que el concejo había obtenido en 1417 de los visitadores la facultad y obligación de mantener cárcel a su costa, el concejo pagaba a un particular para que custodiara a los presos: dan quatro ducados en cada un año a un labrador porque tenga la dicha cárçel, e aún no hallan quyen la tenga, sy no lo hazen servyr de premia

Los alcaldes mayores que anteriormente habían desempeñado el cargo ya habían platicado muchas veces sobre el asunto, y por ello el concejo había comprado unos suelos en la plaza.

Como el mercader recurrió también ante el Consejo de la Orden, alegando que tenía construido en ese solar para sus tratos y que le era muy necesario, se vio libre de la expropiación, y la casa de ayuntamiento se construyó en la plaza en los solares que ya había adquirido el concejo.

(A.H.N. OO.MM. Pleito 2241)

En 1522 ya estaban construidas las casas del concejo que contaban con soportal y corredores, y allí se reunía el ayuntamiento y sirvieron para celebrar en ellas los juicios, e incluso de residencia temporal del Alcalde Mayor.

 Los Alcaldes 

En las villas reales el funcionamiento del concejo gira en torno a los alcaldes que eran elegidos anualmente, en nuestro caso el día de San Juan de Junio (A.R.Ch.V. Moreno f. C. 2794-1):

 en la dicha villa ay alcaldes ordinarios que pone la dicha villa en cada un año de San Juan a San Juan

El cargo de alcalde conllevaba ciertos privilegios y solía estar desempeñado por miembros de las oligarquías locales. Así, a los pocos alcaldes medievales que conocemos en Villafàfila los vemos otras veces como confirmantes de documentos, como propietarios de tierras, salinas o iglesias,  etc.

En cuanto al número de alcaldes en Villafáfila, al principio se citan cuatro y aparecen documentados desde 1176, aunque a veces en las datas sólo figuran tres. En 1202 se les denomina “iudicibus”, que indica su principal función, que era la de ejercer la justicia ordinaria en la villa y tierra.

En 1417 claramente se especifican sus funciones judiciales, que ejercían desde tiempo inmemorial:

"estando...en posesyón e huso de ser juzgados los pleytos que entre ellos acaesçiesen, ansy çeviles como cremynales, como en otro qualquyer manera, por los alcaldes hordinarios de la dicha billa, e a que las apelaçiones dellos son para ante la merçed del dicho maestre, o para ante aquellos que hen su lugar lo obieren  de librar; e que cuanto algún bezino o vezinos de la dicha billa e de su tiherra fiçieren tal hierro por que merezcan pena alguna, que por los dichos alcaldes hordinarios de la dicha billa han de ser presos e penados”.

A principios del siglo XV, además de los alcaldes ordinarios se menciona la existencia de un alcalde puesto por el comendador, que actuaba en la villa, y además el cargo lo desempeñaba un hidalgo, lo que iba en detrimento de los usos de la villa, que sólo permitía desempeñar el cargo de alcaldes a los hombres buenos pecheros:

“E vista otra quexa quel dicho conçejo dio en que dixeron que el dicho comendador ponya alcalde en el dicho lugar escudero, lo qual dixeron que nunca fuera de huso e de costumbre, salvo que fuese labrador pechero, e que fuese escusado fasta en quanto, por lo demás que pechase; e vista la respuesta que el dicho comendador dio en que dixo que a él le plasçía en quytar este alcalde que tenya puesto e les quería poner un alcalde vezino de la dicha villa que fuese home llano e pechero. E nos ansy mandamos al dicho comendador que lo faga e cumpla luego, e sy por ventura el dicho lo non cumpliere luego asy segund por nos le es mandado, mandamos al dicho conçejo que non huse con él, ny le ayan por alcalde

 

A veces los alcaldes, tanto los ordinarios de la villa como el que ponía el comendador se aprovechaban de sus facultades llevando parte de los bienes de los condenados, antes de que se remataran públicamente para pagar las deudas:

 los alcaldes de la dicha villa e del alcalde del comendador que quando acaesçía que en algunos bienes entraban por algunas deudas e los ponyan a vender, que en caso que non se rrematan los tales bienes que ansy entraban, que los dichos alcaldes que lebaban las entregas; e en este capítulo fallamos: los dichos alcaldes non husan ny guardan las hordenanzas de cabildo general que el maestre don Lorenço Suárez, que Dios perdone, fizo, las quales manda guardar nuestro señor el hinfante, que Dios mantenga, en las quales se contiene que ningún alcalde nyn alguaçil non lebe entregas de bienes algunos que entre en caso que los ponga a vender, salvo sy no fuesen rematados, el dicho rremate llegado a debida execuçión, e nos ansy lo mandamos que de aquy adelante la husen e guarden la dicha hordenança”.

Alcaldes de Villafáfila documentados en la Edad Media

1176         Domingo Salvadòriz, Miguel Salgado, Pelayo Juanes  y Gonzalo Fernàndez

1182         Martìn Martìnez, Miguel Salgado, Gutierre Esteban de Zamora y Domingo Pèrez

1199         Pedro Juanes,   Juan Redroyo y Vaquero Garcìa Rodrìguez

1200         Pedro Gutièrrez,  Garcia Domingo, Domingo Calvo y  Don Tamariz

1201         Don Juan (abril)

1201           Pedro Juanes,   Pedro Martìnez, Pelayo Feliz  y Martino Bagoro (septiembre)

1235         F. Rodrìguez          D. Gomecio        y Martìn Recimo

1257         García Ferrández, Pero Confrade y Pero Vellídez

1439        Fernán Fernández Zeballo e Pero Rodríguez

1453         Ferrand Manso

1466         Juan de Muélledes

1467        Ferrán García y Álvar Fernández Compañón

1468         Ferrán García y Alvar Fernández Compañón

1482        Juan de Muèlledes y Pº Tostòn

1490        Pedro de Melgar y Juan de Muélledes

1494         Fernando de Villacorta

1495        Pedro de Melgar y Diego García

1496        Fco Rodríguez de la Mezquita y Alonso Tejado

1497         Pedro Tostón y Juan de Muélledes

1498         Gonzalo Martínez y Pº Gª

1499          Pº González y Alonso de Caramaçana

1500          Salvador Facera

 

 

Los cargos de justicia y regimiento eran desempeñados por los que podríamos considerar miembros de la oligarquía, formada por los labradores hacendados y por los hidalgos, repitiéndose y alternando en el cargo y en los otros oficios municipales las mismas personas o sus familiares.

Ya en 1481 testifica (A.H.R.Ch.V. Pergaminos 67-7) Pedro de la Cámara, que tenía unos 60 años y era natural de la villa:

 este testigo avía seído algunos años alcalde e otros años regidor e otros años procurador de la dicha villa

Generalmente los oficios de alcaldes eran desempeñados por vecinos pecheros durante la Edad Media, pero en el periodo de ocupación de la villa por parte de los Pimentel, pusieron en las alcaldías a personas de su confianza, que eran hidalgos y criados de su casa. Después del reintegro de la villa a la Orden de Santiago se volvió a la costumbre de nombrar sólo a los pecheros para las alcaldías y así seguía en 1525: “q ay dos regidores pecheros e dos fijosdalgo e los alcaldes e el procurador son pecheros”.

La primera vez que se eligió un hidalgo por alcalde ordinario fue en 1526 en la persona de Francisco de Robles, pero las cosas no debían de estar asentadas, pues al año siguiente se vuelven a elegir dos pecheros por alcaldes. Los hidalgos tuvieron que recurrir al Consejo de Órdenes, para que enviaran una Provisión Real (A.R.Ch. V. Hijosdalgo C. 159-4) mandando que los alcaldes se eligieran uno de cada estado.

En aquel tiempo los alcaldes ordinarios eran entrambos del estado de los pecheros, e de veinte años acá, por pleito, sacaron el alcalde los hidalgos

También los testimonios posteriores lo recuerdan (A.R.Ch.V. Pérez Alonso f. C.515-1):

que las dichas leyes no se guardaban en la dicha villa en la eleçión de los ofiçios sy no a seydo de ocho o nueve años a esta parte que ubo diferençias en la dicha villa entre hidalgos y labradores sobre la dicha heleçión, e que Valderrábano, fiscal de la horden de Santiago, avía ydo a la dicha villa e avía mandado que, de allí adelante, guardasen en la dicha villa las dichas leyes e que nonbrasen la meytad de los ofiçiales de los hijosdalgo e la otra meytad de los buenos honbres pecheros, porque hasta entonçes no se solía nonbrar ny nonbraba nynguno hidalgo por alcalde en la dicha villa....”

 

 

Alcaldes de Villafáfila en la primera mitad del siglo XVI

 

 AÑO                                                                   ALCALDES

1501                              Alonso de Caramazana

1503                              Diego Sánchez

1504                              Alonso de Caramaçana y Bernardo de Caramaçana

1506                              Pº de la Puerta y Fco de Villalba

1507                              Bartolomé Manso

1508                              Pedro Calvo

1509                              Fco Martìnez y Pº Montaño

1510                              Pedro de Muélledes y Fco Martínez

1511                              Bernardo de Caramaçana

1512                              Alonso Tejado y Pedro Calvo

1513                              Pº Ferrero y Bartolomé Manso

1516                              Fco Martínez de S.Juan y Diego del Concejo

1517                              Pº de Muélledes y Pº García

1518                              Bernaldo de Caramaçana y PºMartínez

1519                              Bartolomé Manso y Alº de Muélledes

1521                              Juan García y Juan de Santa Cruz

1522                              Fco Martínez y Diego del Concejo

1523                              Pº Martínez y Pº de Muélledes

1524                              Alonso Fernández y Alonso de Santa Cruz

1525                              Bernaldo de Caramaçana y Bartolomé Manso

1526                              Fco de Robles y Pedro Martínez

1527                              Andrés Manso y Alonso Tejado

1528                              Pº de Almança y Francisco Martínez

1529                              Alonso Fernández

1530                              Fco de Robles y Fco de Caramaçana

1531                              Diego de Villagómez y Pº García

1532                              Martín de Barrio y Fco Martínez

1533                              Alonso Manso

1534                              Juan García de Morales

1535                              Juan de Santa Cruz

1536                              Fco de Robles y Pedro Martínez

1537                              Diego de Villagómez y Alonso de Santa Cruz

1538                              Alonso González-Yebra y Juan Manso de S. Pedro

1539                              Fco Martínez de S.Juan y Antº de Barrio

1540                              Baltasar de Movilla y Fco de Caramazana

1541                              Álvaro de Barrio y Juan de Santa Cruz

 

Los juicios y pleitos que sentenciaban los alcaldes en primera instancia eran públicos y se desarrollaban en la plaza pública o en los soportales de algunas casas de la plaza. En la llamada entonces Plaza Pequeña, la actual Plaza del Reloj, se encontraba el Rollo, como símbolo de la jurisdicción de la villa, y así se deduce de dos relaciones de rentas de los señores de la villa: Tiene más de fueros, 450 mrs., dozientos mrs. sobre la plaza donde está el rrollo”; (A.H.N. OO.MM. Libro 1099),“más duçientos mrs. de fuero sobre la plaça pequeña desta villa” (A.H.N. Nobleza. Osuna 2157-1)

Así, cuando se sentaban a juzgar o conocer los pleitos los hallamos unas veces a los dos alcaldes juntos, como por ejemplo en 1439 (A.R.Ch.V. Pérez Alonso f. C.516-1), o en 1498 (A.H.N. Nobleza. Osuna. Leg. 3922-35): “En Villafáfila diez y seys días del mes de abril año del nascimyento del nuestro salvador Jesucristo de myll e quatrocientos e ttreynta e nueve años, este dicho día ante Fernán Fernández Zeballo e Pero Rodríguez, alcaldes en la dicha villa, que estaban asentados a do ascostumbran librar e en presencia de mí, Toribio García de Avia, escribano de nuesto señor el rrey e notario publico en la su corte en todos los sus rreynos e señoríos, e notario público en la dicha villa de Villafáfila e su tierra por el dicho señor rrey”.                             

Pedro Testón e Juande Muélleses, alcaldes hordinarios en la dicha villa por el rey e reyna nros señores, estando los dichos alcaldes en juisyo oyendo e librando pleitos 

    En 1453 se documentan juicios en los que sólo se halla presente uno de los alcaldes (A.H.P.Za. Desamortización C. 234-1): estando Fernando Manso, alcalde de la dicha villa, sentado e oyendo e librando pleitos en la abdiençia de la terçia en la plaça de la dicha villa, so el portal de las casas de Martín de Barrio

En 1499 algunos autos se hacían en sus propias casas (A.H.R.Ch. Zarandona y Walls Olv. C.1353-8): “ante las puertas de Alonso de Caramaçana, alcalde ..., lo que provocaba protestas de los litigantes: “porque el dicho mandamyento fue dado sin estar vos señor sentado en jusyo e en el lugar acostunbrado do soléis jusgar”.

A principios del siglo XVI se plantea la necesidad de construir una casa de concejo y audiencia y algunos vecinos refieren que los alcaldes no tenían un sitio apropiado para sentarse a juzgar (A.H.N. OO.MM. Pleito 2241): “e que asimismo se han ayuntado los alcaldes hordinarios a juzgar alguna vez debaxo de unos portales o otras veçes en un rincón de la plaça y otras veçes en la carnesçería y otras veçes donde se les antoja”.

        Las sentencias de los alcaldes podían ser recurridas ante el Alcalde Mayor de la Orden de Santiago en segunda instancia o ante la justicia real, bien ante el Alcalde Mayor del Adelantamiento del Reino de León: a visto e bee que muchas vezes van antel alcalde mayor del adelantamyento del Reygno de León que rresyde en Villamañán algunos de los vezinos de Villafáfila a pleytos e negoçios, e que asymesmo vee que sus merinos son obedesçidos e sus mandamyentos”;

o ante el Tribunal de la Real Chancillería de Valladolid, y tenemos ejemplos de denuncias y condenas a alcaldes de Villafáfila por sentenciar mal.

        En 1496 el Presidente y Oidores de la Chancillería condenan al alcalde Pedro de Melgar en las costas que ha causado a Juan González de Saldaña, y en 1504 se sentencia en el mismo tribunal un pleito contra los alcaldes de Villafáfila que habían hecho unas ejecuciones en unos bienes en 1498, y ellos (A.R.Ch V. Ejecutorias 195-15): siendo como heran juezes hordinarios contra las leyes de nros reynos havían llevado açesorias e dineros de las partes

En su defensa los alcaldes Pedro Testón y Juan de Muélledes alegan el uso de la costumbre y falta de información: “las açesorias justamente las avían seydo llevadas segund uso e costunbre ynmemorial de la dicha villa ...”, y justifican su actuación: “porque en la dicha villa de Villafáfila syenpre acostumbravan a poner alcaldes del pueblo e onbres que no saben çiencia ny derechos, los quales determynan las cabsas por consejo de letrados ... que todo lo que avían determinado en el dicho proçeso lo avían fecho con consejo e pareçer de letrados a quien enviaron el proçeso, los quales enviaron hordenadas e formadas las sentençias

   Dependiendo la importancia o complejidad del pleito se recurría a letrados de las ciudades universitarias castellanas de Salamanca o Valladolid para que diesen su asesoramiento a los alcaldes ordinarios en las sentencias (A.R.Ch.V Quevedo f.C.1057-7): “que dé más dineros para llevar el proçeso a Valladolid o a Salamanca a letrado”.

        Algunas veces el ejercicio del cargo de alcalde les hacía caer en la pena de excomunión por vulnerar el derecho de asilo de las iglesias, como en 1512 (A.R.Ch.V. Zarandona y Walls olv. 1353-8): Pedro Calvo alcalde, descomulgado por descomunión mayor dada e fulmynada contra él por Fernando Fernández, arçipreste desta villa, a pedimyento de Diego Gallego, sobre rasón de çierta violençia e quebrantamyento de la yglesia e sacrilegio que el dicho alcalde cometió e perpetró dentro de la yglesia parrochial del señor Santandrés desta villa en tomar como el dicho señor alcalde tomó al dicho Diego Gallego por fuerza e contra su voluntad de dentro de la dicha yglesia una ballesta con su gafa e una espada e un broquel”.

Regulación de la elecciones en los pueblos de la Orden de Santiago. 1440

 

Los castigos corporales y humillantes infringidos a los sospechosos de delitos eran habituales a principios del siglo XVI, y no sólo en los tribunales de la Inquisición, así en 1530 se recuerdan algunos castigos públicos a los que habían sido sometidas ciertas personas, para desprestigiar su testimonio ante los tribunales (A.R.Ch.V. Moreno f. C. 2794-1): “el dicho Juan Alonso, coxo, vesyno de Santoagostín, fue açotado por ladrón en la dicha villa de Villafáfila por la justisya della por las calles públicas ençima de un asno, abrá dies años, poco más o menos tpo”

“el dicho Pº Martínez fiso çesyones de bienes por debdas que debya, abrá veynte e tres años, el qual vyo que traxo argolla de la garganta públicamente bien quatro o çinco años

        Los pleitos que surgían entre el concejo y los comendadores los sustanciaban los visitadores enviados por el maestre periódicamente para visitar y recibir las quejas de los vasallos de la orden.

También cuando surgían diferencias o pleitos con otros concejos, como es el caso del de Benavente en 1418, se nombraban un juez por el maestre y otro por el conde que sentenciaban en conjunto en la raya de ambos concejos (A.R.Ch.V.Pérez Alonso f. C.516-1): “estando en el Pedròn Blanco, donde se parte el térmyno de Villafàfila con el térmyno de Valle, aldea e térmyno de la dicha villa de Benavente, Juan Alfonso de Benavente e Francisco Martínez, bachilleres en leyes, juezes dados para el negocio de suso escripyto por el señor ynfante don Enrrique, maestre de la caballeria de Santiago, e por don Juan Alfonso Pemintel, conde de Benavente”.

 

Los Regidores

A partir de mediados del siglo XIII se produce en toda el área de Tierra de Campos unos cambios institucionales con ampliación del número de alcaldes o la incorporación de jueces a las tareas del concejo. En Villafáfila este proceso se pudo ver mediatizado por la donación de la villa a la Orden de Santiago en 1229. El paso de una situación de realengo a otra de señorío dio lugar a interferencias entre los comendadores y el concejo como veremos más adelante, y, por otra parte, los maestres establecían leyes generales para todos los lugares de la orden, en ocasiones organizando los oficios concejiles.

La mención de los regidores como tales no se documenta hasta finales del siglo XV pero ya en 1418 se menciona “conçejo e alcaldes e oficiales e omes buenos de Villafáfila”, estos oficiales serían los regidores, y también se documenta “e Fernand Fernández Peraire, procurador de la dicha Villafàfila”.

 En el capítulo general de la Orden de Santiago celebrado en Uclés en 1440, siendo maestre el infante Don Enrique, mediante una ley capitular  se establece el regimiento para las villas y lugares de toda la orden, regulando su composición y funciones. Manda que en los lugares de más de 40 vecinos que se elijan dos regidores, y en las villas de más de 300 vecinos que haya tres, salvo en las que tengan por costumbre elegir mayor número. Además se establece su elección anual, prohibiendo que los regidores sean perpetuos. Regula las reuniones de los regidores junto con los alcaldes ordinarios y con otros hombres buenos para tratar los asuntos ordinarios del concejo y señala los casos en los que es obligado convocar a todos los vecinos del pueblo o al menos a la mayor parte de ellos: para la elección de síndico o procurador, en las compras o ventas de los bienes concejiles o en otros casos donde sea necesario votar. Además, manda que se tengan Libro del Concejo donde se apunten los asuntos tratados, un escribano del concejo y un arca donde se guarde este libro y las escrituras del concejo (A.R.Ch.V. Pérez Alonso f.C.515-1):

“Regla comund es guardada y obserbada, asy en la corte rromana, como en las casas de los enperadores, reyes, príncipes e señores, e en las çibdades, villas e lugares notables, que singulares homes son los que rigen  e gobiernan e hordenan los consejos e fechos, lo qual es en exenplo e doctrina para que así debe ser hecho e guardado en cada villa e logar.

 Somos ynformados que en todas las nras villas e lugares de la nra horden, que non aber omes aportados e elegidos para rregir e gobernar los fechos comunes dellas, acaesçían muchos desbaríos por fablar en los conçejos muchos, ansy moços como viejos, e los fechos conçejiles se vierten, de que vienen perdasgos; por rreparar aquellos, e dar horden como los fechos comunes de los conçejos se hordenen e rijan mejor que hasta aquy ... hordenamos e mandamos que en cada una de las villas e lugares de nra horden en que aya de quarenta veçinos en adelante, que aya dos rregidores, e en las villas de tresçientos veçinos arriba, aya tres, salvo si an de costunbre quel en ser más, e que éstos sean anales e no perpetuos; los quales, con los alcaldes hordinarios e con los otros ofiçiales e con otros algunos buenos homes que hagan llamar quando vieren que cunple, fagan los conçejos e ayuntamientos e rijan e hordenen en ellos lo que a ellos bien bisto fuere a serviçio de Dios e nuestro e probecho e bien de la república, no orrando de llamar pueblo unyverso para los fechos, salvo en çiertos casos, asy como:

- para constituyr syndico o para hazer merced, donaçión, conpra comund, benta, franqueza, agenaçión o en aquellas cosas en que de nesçesario conbiene botar e llamar el pueblo comud, a lo menos las dos partes del pueblo o la mayor parte del pueblo.

 E dexando estos casos, en los otros, lo que hizieren los dichos ofiçiales no dexe de baler e por que mexor se sepa cómo rijen, mandamos que los regidores cada un año fagan libro de las cosas comunes que pasan en su año, así conplimyentos de cartas, como derramas, coletas, gastos e lo que conbinyere a la comunydad, por que de allí se sepa, e cada uno de los ofiçiales dé razón e quenta de lo que pasa en su año, esto sea salbo en las villas que pudieren sufrir, sea escribano apartado de conçejo, el qual ha de hazer libro e dar razón desto, e que para guardar estos libros e las otras escripturas tocantes a los conçejos, que aya en cada lugar una arca de conçejo en que todas sean lançadas e deposytadas en poder de un buen ome, qual a ellos bien bisto fuere”//

 

Establecimiento de la Orden de Santiago sobre los regidores de sus pueblos

En el caso de Villafáfila el regimiento estaba compuesto por dos regidores del estado general y dos del estado de hijosdalgo, que seguramente empezaron eligiéndose en concejos separados por estados.

        Posiblemente esta ley capitular se dejó de aplicar desde que la villa pasó a manos de los Pimentel en 1467, cuando primero el Conde de Benavente y después don Pedro Pimentel ponían a los alcaldes por su cuenta (A.R.Ch. V. Varela f. C.2046-2): "el testigo era alcalde por el dicho señor don Pedro y el comendador don Fernando de Pavía le tomó la bara de justicia que tenía este testigo e a Francisco Rodríguez de la Mezquita, alcalde a la sazón con este testigo, e las entregó e dio a Juan de Muélledes e a Pº Testón, vecinos que fueron de dicha villa a fin de que las abiesen por sus altezas

        Durante la ocupación de los Pimentel, los cargos de justicia y regimiento posiblemente serían nombrados por don Pedro o tendrían que contar con su aprobación, dada la tiranía a la que tenía sometidos a los vecinos. La restitución de la villa al señorío de la Orden de Santiago en el año 1497, y la prolongación del arrendamiento de las rentas del comendador hasta el año 1499, en que muere el conde don Rodrigo Pimentel, debió de crear una situación de confusión y desconcierto entre los vecinos, que, por un lado, vieron a don Fernando de Pavía tomar la posesión de la villa en nombre de los reyes y entregársela al comendador don Enrique, y por otro seguir recaudando las rentas feudales y reales por mano del conde de Benavente. Eso dio lugar al conflicto entre los vecinos hidalgos de la villa, y de alguno de ellos con el comendador, que tuvieron que dirimir los visitadores en 1499. Las diferencias tuvieron que surgir también en la elección de los nuevos alcaldes y oficiales, pues era el acto político más directo y el que más pasiones levantaba en los pueblos.

Ante la nueva situación el concejo recurrió en 1501 ante el Capítulo General de la Orden, que se comenzó a celebrar ese año en Écija pidiendo a sus altezas que se aplicase en Villafáfila lo que estipulaban las leyes capitulares de la orden para estos casos:

E agora en el nro consejo de la dicha horden fue vista una petiçión que por vra parte nos fue dada, por la qual nos suplicays e pedis por md mandasemos que la dicha ley fuese guardada en esa dicha villa o probeyesemos çerca dello”.

En consecuencia, desde Sevilla, en febrero de 1502 los reyes envían una Provisión Real al concejo para recordar lo dispuesto sobre el particular en los pueblos de la orden. (A.R.Ch.V. Pérez Alonso f. C.516-1).

 

                                               Regidores documentados

 

1466         Pedro Martínez, Pedro Martínez Curto, Fernando Calvo

1468         Ferrand Blanco e Juan de Valle e Pedro Rodríguez e Pedro González

1482         Pº Garzòn, Pº Garcìa y Pº de la Puerta

1495         Pº García, Diego Sánchez, Juan de Távara, Alonso de Caramaçana abacero.

1496         Alonso de Caramazana y Pº Roldàn

1497         Pedro Martínez de la Magdalena, Juan García, Pedro de Muélledes, Aº de Caramaçana,

1498         Diego García y Fernán Pérez

1501         Fco Gutiérrez Btolomé Manso

1503         Diego del Concejo, Pedro Montaño, Lope de Riero y Juan de Villagómez

1504         Pedro de Barrio, Juan de Távara y Fco García,

1506         Jerónimo de Aguayo, Aº de Villacorta y Fco Martínez de S.Jº.

1507         Alonso de Caramaçana

1509         Pº de Almança, Diego Marban, Alonso Tejado y Pº del Valle

1510         Pº de Porras, Alonso de Caramaçana, Juan de Toranzo y Juan de Aller

1512         Pedro Glez, Gº Ballesteros, Andrés Manso y Pº de Villalba

1513         Juan de Villagómez, Fco Martínez de S. Juan y Diego del Concejo,

1516         Juan de Villagómez, Alonso González y Pº Calvo

1517         Gº Ballesteros, Pº Herrero

1518         Martín de Barrio, Jerónimo de Aguayo, Juan García y Fco de Muélledes,

1519         Aº de Barrio y Pº Martínez, Fdo Fernández

1521         Alonso Gonzàlez, Diego de Villagòmez, Pº de Valle y Andrès de Muèlledes

1522         Martìn de Barrio, Alonso de Santa Cruz, Pº Montaño y Fco de Robles

1523         Juan de Aguayo, Alonso Tejado y Juan de la Càmara y Pº de Almança,

1524         Alonso González, Jerònimo de Aguayo, Juan de Santa Cruz y Diego del Concejo

1525         Diego de Villagómez, Aº de Aguayo, Fco Martínez de S.Juan y Pº de Mózar

1527         Françisco de Traslago, Pedro de Almança, Pedro de Muélledes y Glº Martínez

1528         Fco de Robles, Diego de Villagòmez, Alonso de Santa Cruz y Juan Garcìa,

1529         Fco de Prado, Alonso de Aguayo, Diego del Concejo y Juan de Valle,

1530         Baltasar de Movilla, Gonzalo de Ballesteros, Fco Martínez y Juan Rodríguez

1531         Juan Sánchez, Alonso Borregán, Juan García de Morales y Andrés Manso,

1533         Fco de Caramaçana

1534         Alvaro de Barrio, Alº Sanchón, Fco de Robles

1535         Alonso Glez Yebra, Martín de Barrio, Pº García y Diego Sánchez

1536         Alonso Borregán, Baltasar de Movilla, Pºde Mózar y Juan Manso

1537         Alonso de Aguayo, Juan García de Losada, Andrés Manso y Fco de Caramaçana

1538         Alvaro de Barrio, Juan de Barrio, Juan de Santa Cruz viejo y Juan de Valle de Sª Mª

1539         Fco de Obregòn, Gòmez de Olea, Alonso Sanchón y Pº Martìnez,

1540         Diego de Villagòmez, Juan Garcìa de Losada, Juan Manso y Juan de Muèlledes

1541         Alonso Glez Yebra, Fco de Ballesteros, Fco Martínez de S.Juan y Hernando de Villalba

 

En cada una de las aldeas de San Agustín y Revellinos había un jurado o alcalde pedáneo, que era pechero y se encargaba de tañer la campana para juntar el concejo para tratar los asuntos de interés general; un procurador que administraba los bienes del concejo y lo representaba en sus pleitos, y dos regidores, uno de cada estado, de los pecheros y de los hidalgos, como recuerda un vecino de  Revellinos en 1537 (A.R.Ch.V. Hijosdalgo C. 381-10): “ay çiertos hijosdalgos, como este Gº Carrillo, que hazen un regidor en cada un año del estado de los hijosdalgo y otro del estado de los pecheros”. 

Los Diezes 

        Los diezes o diputados del concejo eran diez vecinos, de los principales de la villa, generalmente los que habían tenido cargo de alcaldes o regidores los años anteriores, que eran elegidos por el regimiento cada año para tomar su consejo en la redacción de las ordenanzas municipales o para realizar concejos restringidos cuando así lo estimaban conveniente: Los diezes que llamaban y llaman que es como aconpañados de los regidores”.

Establecimiento de la Orden de Santiago sobre los diezes en1480


   Reciben diferentes nombres, aunque a mediados del siglo XVI se afianza el de diezes, por ser diez su número.

La primera documentación referida  estos oficiales se remonta a 1516. En el libro de regimiento se asienta su elección por parte del regimiento y del alcalde mayor:

Nonbraron los diezes, honbres juramentados para hazer hordenanças juntamente con los dichos alcaldes e rregidores, a los syguyentes:

Juan de Aguayo, Pero Martínez, hijo de Gonzalo Martínez, Pedro de Mozar, Françisco de Villalba, Juan de Toranzo, Pero Martínez, viejo, Pedro de Muélledes, Gonzalo Martínez, Martín de Barrio, Pedro de Almança.

Nonbraron para que juntamente con los dichos alcaldes e rregidores hagan las hordenanças que vieren que son conplideras al bien procomund de la dicha villa sobre juramento que hagan.”.

    Además de diezes reciben otras denominaciones que hacen referencia a su papel, así en 1519 se les denomina unas veces diputados, otras jurados y otras acompañados: “diputados e jurados del cº”; “aconpañados del dicho conçejo” (A.H.N. OO. MM. Pleito 6408).

En el nombramiento de los dieces para el año 1539 se especifica su distribución por las parroquias o barrios de la villa, eligiendo dos por cada parroquia, salvo las de S. Andrés y S.Martín que al ser de menos vecindad se elegía uno (A.R.Ch.V. Pérez Alonso f. C.516-1):

que para juntamente con ellos rregir este pueblo en serviçio de Dios e de su magestad e myrar por el probecho e bien y procomund de los vezinos desta dicha villa e tierra, nonbraban e nonbraron por honbres diputados para los diezes por este año: de San Juan a Juan de Santa Cruz y a Diego de Villagómez; de San Pedro a Francisco de Robles y Juan Manso; de San Andrés a Alvaro de Barrio; de Santa María a Baltasar de Movilla y a Juan García de Morales; de San Salvador a Diego Sánchez y a Bernaldino Sayago; de la Villa a Juan de Castro.

Por la tarde estando todos juntos, los alcaldes les tomaron juramento”.


El Procurador del concejo

El procurador se encargaba de representar al concejo en los pleitos y diferencias que se suscitaban con otras instituciones, y de cobrar los propios del mismo y hacer los gastos por mandado del regimiento. Se cita desde 1418 a 1428 a “Fernando Fernández procurador del conçejo” lo que implica una continuidad en el oficio, y en 1439 se menciona a “Juan Fernández procurador del conçejo”.

        Todos los años era elegido junto con los alcaldes y regidores por San Juan de Junio, y por su trabajo recibía un salario: “el conçejo de la villa de Villafáfila da de salario cada un año ochoçientos mrs”. Al finalizar su mandato debía presentar las cuentas al ayuntamiento entrante o al alcalde mayor:  el dicho procurador, acavado su año de la dicha procuraçión, daba e a dado quenta al conçejo de la dicha villa de los dineros de los propios  e de las dichas penas

Los regidores y el procurador general recibían salario anual por sus cargos, así en declaraciones de 1538 (A.H.N. O.O.M.M. Pleito 5514) los testigos afirman: “se da al procurador de la villa y tierra ochoçientos mr. e a cada uno de los regidores a trezientos mrs., y que todo esto lo pagan del regimiento”.

En resumen, las funciones de cada uno de los cargos del concejo nos las recuerda un vecino en 1543 (A.R.Ch.V. Pérez Alonso f. C. 515-1):

usaban de los ofiçios que tenyan: los alcaldes de conoçer los pleytos çibiles e criminales de la dicha villa en primera ynstançia, y los rregidores de las cosas tocantes a la gobernaçión de la dicha villa, y el procurador de entender los negoçios e pleytos de la dicha villa, y los diezes que eran como aconpañados de los regidores”.



[1]             CABERO DOMINGUEZ G. y MARTÍN LÓPEZ E. Colección documental de la catedral de Astorga II, doc. 1168

[2] Apología por el Hábito de Santo Domingo en la Orden de Santiago. Alcalá 1725, pag 128.