jueves, 1 de diciembre de 2022

Villafáfila 1824: asesinato de Josefa Méndez a manos de su marido.

En anteriores ocasiones he tratado de crímenes de mujeres de los que había tradición oral, como el de la Ojera a manos de un pastor, o el de Damiana por su pretendiente Ermelo . En este caso no conocía referencias lejanas, sólo la conservación de varios legajos del juzgado municipal de esa época nos permiten conocer este asesinato, calificado entonces como uxoricidio y hoy como violencia machista.


El 4 de septiembre de 1824 los dos alcaldes ordinarios de Villafáfila: Gabriel Costilla por el estado de hidalgos y Miguel Salagre por el estado general, inician una causa criminal contra Joaquín Miguélez Martínez, de 46 años como autor de la muerte de su mujer, Josefa Méndez Román, de 55, por un disparo de escopeta en la Viñas de Arriba, de las que era guarda, ocurrida el 27 de agosto. Recordemos que hasta mediados del siglo XIX los alcaldes tenían funciones judiciales, eran los jueces ordinarios en primera instancia.

Lugar del crimen


“habiéndose echo público que la muerte natural que se suponía de resultas de un hacidente, en Josefa Román Méndez, mujer de Joaquín Miguélez desta vecindad, pudo haber sido biolenta, causada en el pago de las biñas de Arriba, donde se hallaban marido y mujer en la guarda y custodia de las mismas, y a la  mira también de un melonar que tienen plantado en dicho sitio, la tarde del día beinte y siete de agosto próximo anterior, atendiendo a las sospechas de haberla traído para casa de noche el mismo Joaquín y no haber avisado al facultativo titular deste pueblo ni al párroco para que la auxiliasen, ni tampoco a la xtª para que ella entendiese así el campo como que luego que conoció ser cadáver y llegar a dicha su casa, subsiguiendo a esto no haber permitido la amortajara otra mujer que se ofreció, habiéndolo executado el susodicho marido, notarse en la mañana del beinte y ocho en la que fue sepultada en la Yglesia Parrochial de Santa María del Moral, tener ensangrentada la sávana que se puso por debajo del cadáver, notarse y advertirse muy bien por los enterradores y que no procedía de las bías y sí de la parte superior del cuerpo, qual se demostraba en la dicha sábana con otros diferentes indicios, no podías sus mercedes disimular por más instantes tomar providencia en obsequio de la recta administración de xtª y satisfación  de la bindicia pública desde que han acabado de informarse secretamente de lo que ba indicado, que luego se le capture y ponga en la cárcel pública desta villa y se encargue su custodia al Alcaide desta villa y se reciba el sumario correspondiente”

Proceso


A las seis y media de esa tarde los dos alcaldes, varios realistas y el escribano fueron a las Viñas de Arriba para su captura y prisión y no lo hallaron, después fueron a su casa donde allí fue capturado y conducido a la cárcel, donde se lo entregaron para su custodia a Juan Badallo, alcaide de la misma.

El primer testigo al que se le toma declaración es a José García García, de 40 años: “que llebado de la piedad y misericordia, acompañó a enterrar la mujer del procesado… ayudándole a echar el cadáver en la sepultura su convecino Josef Lobo, notaron que la sávana que habían puesto en la caja o féretro, tenía mucha sangre en la parte superior del cuerpo y que había pasado hasta el suelo al pie de la dicha sepultura, sin que pudiesen suponer que la dicha sangre fuerza de las bías hordinarias, de modo que por lo mismo entraron en sospecha de si probendría de un golpe de mano airada

Lo mismo declaró José Lobo, de 44 años, que vivía en la Plazuela del Castillo, al final de la actual calle de La Botica, mencionando que Diego Pallares, 34 años, sacristán de la iglesia de Santa María, estaba presente.

También interrogan al sacristán y dice que por la noche del 27 fue a casa del acusado por orden del cura por ver si llegaba a tiempo para administrarle los sacramentos y le echó las bendiciones de parte de su amo, el párroco, y como estaba realmente muerta “no dejaba más arbitrio que disponer la sepultura para el día siguiente”.

La siguiente testigo a la que toman declaración es a una vecina, Vicenta Fernández, 40 años, quien en la noche del 27, “oyendo clamorear en la casa del procesado Joaquín Miguélez, se acercó a ella, y oyendo decir que se había muerto su mujer entró a verificarlo, y en efecto resultando ser así, y a presencia de diferentes vecinas trató de amortajarla como la que declara se halla con el suficiente valor y piedad, y persuadida no lo tendrían el dicho Joaquín y su hijo Romualdo, a que se opuso dicho Joaquín manifestando ser bastante y su hijo, y en efecto mirando de hacerlo la testigo le indicó había de sacarle la ropa de vestir con que se hallaba, a que se resistió contentándose con mandar ir a bendecir para hábito una casaca o anguarina de dicho su hijo, y traidola con dicha indulgencia, se la pusieron entre los dos, padre e hijo, y al tiempo de levantarle la cabeza, la que declara, deseosa de cooperar en algo, le echó la mano izquierda a sostenerla y como la introdujo en la espaldilla, notó al sacarla se le había humedecido, y persuadida sería de sudor, se limpió y la frotó a su manteo, y a la mañana siguiente con la luz del día, al hacer uso de ella, adbirtió tenerla manchada de sangre, motivo por que hbiendo bisto con sangre la almuada que tenía puesta el cadáber en las andas o ataúd en que se conducen a la iglesia, se lo propuso al Romualdo, diciéndole de que era aquella sangre y le contestó, de las narices suyas… y dicho Joaquín quando levantó el cuerpo de la cama para amortajarla rebujó la manta que tenía debajo con presteza para que corriese por su imaginación alguna sospecha.

La 5ª testigo fue Josefa Zamorano, 27 años, mujer de Manuel Alonso Rodríguez, que vivía en la Plazuela del Castillo, que declara que por la mañana del 27 había ido la difunta a su casa y le dio el puchero de viandas que había dispuesto para comer al mediodía, dándole al mismo tiempo unas camisas y unas bragas lavadas, para que las secase en su corral y se las doblara a su tiempo, y a la hora volvió y le dijo que si venía su marido que le diese para que comiera, pues andaba cobrando por el pueblo y que ella se iba a cuidar de las viñas que tienen a su cargo. Sobre las seis de la tarde se presentó Joaquín y le dio la ropa y le manifestó con algún azoramiento que le diese un caldo para su mujer que se hallaba con el accidente que padecía y después se retiró hacia las viñas, y después de anochecido, como las casas están enfrente y próximas oyó gemir y llorar y pasó a ver que ocurría y halló que estaba muerta, saliendo al mismo tiempo los señores curas de San Pedro y de Santa María, que habían sido llamados para su socorro, y a varias vecinas. La amortajaron con la anguarina de paño pardo con la que se cubrían los demás falifos que tenía puestos.

Declaración de una vecina, Josefa Zamorano


Onésimo del Pozo, 48 años, asistió al entierro por haberlo convidado junto a su cuñado, Bernardo Esteban Mateos, clérigo de menores, para cantar y ayudar al cura por no tener para hacerle un funeral más solemne,con los demás sacerdotes de la villa, y vio la sábana manchada de sangre.

No sabemos como se difundirìa la noticia, pero en estos casos las sospechas que habían surgido se trasladarìan de boca en boca, y  como ya estaría todo el pueblo conocedor de los rumores, surgen otros testigos que rememoran lo que habían apreciado el día de autos. 

Ezequiel Díaz, declara que ese día “a las cuatro saliendo con su recua de caballerías menores, a darles de pacer en compañía de su hermano político Alfonso del Río a las eras de San Pedro, antes de la senda del Valle, como a distancia de doscientos pasos, vieron ir para las viñas al procesado, tomó el camino de la Calderona, y ellos siguieron por la senda hasta dar enfrente de donde tiene la cabaña de guarda, tan luego como descendieron oyeron un tiro de escopeta, y suponiendo que dicho guarda hubiera matado alguna caza, y llegaron hasta el melonar con objeto de comprar alguna sandía y le preguntaron que si había matado algo, a lo que contestó que no había tirado, que podían haber oído hacia el sitio de la Calderona, y el susodicho tenía allí la escopeta y dijo que la tenía cargada y habiéndola tomado con sus manos uno y otro vieron que efectivamente estaba cargada. Y al mismo tiempo llegó su hijo Romualdo Miguélez que se hallaba en otra cabaña que tiene en las viñas de más arriba, y no vieron a la mujer del guarda en el melonar, ni vieron que anduviese ningún cazador. Cuando volvían ya puesto el sol lo volvieron a ver, que iba por el camino hacia la cabaña y llevaba en sus manos una cosa blanca.

Después de acabadas las declaraciones, el 5 de septiembre remitieron el proceso al asesor legal, Juan Antonio Rama y Arcas, contador del condado de Benavente, pues los alcaldes ordinarios no eran expertos en leyes, y debían consultar los procesos con abogados.

El asesor manda el seis que se proceda a la exhumación del cadáver y a la detención del hijo por complicidad.

Notificaron al cura de Santa María para que franqueara las puertas de la iglesia para exhumar el cadáver,

Solicitud al cura de franquear la iglesia para la exhumación del cadáver


y al cirujano titular de Villafáfila, don Ambrosio Fernández para que lo examinara.

A las tres de la tarde del día 6 de septiembre se encuentran en las puertas principales del pórtico de la iglesia para proceder a la exhumación el alcalde, el escribano, Badallo, cuatro realistas y dos soldados veteranos, junto a Don Ambrosio Fernández, cirujano titular de Villafáfila y Don Manuel Pelaz, cirujano titular de Tapioles, que se hallaba en el pueblo.

Se procedió a la exhumación por parte de Francisco Gómez, José Lobo, Tomás Cid y Bernardino Soto, estando presente el sacristán Diego Pallares, echándose los perfumes que le había mandado su amo, don José Ruiz, párroco. Se colocó el cadáver en las andas o ataúd  con que se solía llevar a enterrar, y se trasladó con dicho acompañamiento extramuros de la villa a la parte del poniente y tomando el norte riguroso en la altura de la era de San Marcos, sobre la laguna que llaman de San Pedro.

Lugar de la autopsia, enfrente de la antigua Laguna de San Pedro o de Adrián, hoy Cooperativa


Se le encontró al reconocimiento de las heridas puesto encima un cacho de bota de cazar con tres ojales del tamaño de ocho dedos de largo y seis de ancho.

Se hallaba vestido con una anguarina de paño pardo, por bajo su camisa y justillo pobre y un manteo de igual clase, y una mantilla que hacía de capilla, notándose que la camisa se halla intacta aunque ensangrentada, y que pudo ser puesta después de muerta por hallarse sin rompimiento alguno, como lo está el justillo acribillado de perdigones, y, despojada de dicha ropa, los advertidos físicos procedieron a la operación, quienes evacuada, prestando el competente juramento, según derecho, declaran unánimemente que en la parte de la región lumbar y escapular en la parte lateral del pecho donde se hallan ciertas heridas contusas, ambustas y dislacerantes que han llegado a penetrar a las dos cavidades, pecho y vientre, y otras superficiales por quanto se encuentra un cuerpo sólido con que fueron causadas, por lo que dichas heridas fueron causadas por arma de fuego bajo el aspecto de que presentan, que juzgan haber sido hechas a la distancia de ocho o diez pasos poco más o menos, habiendo cogido algunos perdigones que casualmente se demuestran en la disección, y por consiguiente la muerte a sido causada biolentamente y no ha sido natural.”

Fue vuelto a la sepultura con más concurrentes en número superior, en la misma sepultura que se halla a la entrada de la iglesia a quatro baras inmediatas de las puertas principales y a dos y media de la pila del agua bendita, marcada a siete baldosas, según se halla toda la iglesia.

Luego fueron los alcaldes con varios realistas a detener a Romualdo que se hallaba en su trabajo del campo, y lo condujeron a la panera del pósito, para estar incomunicado con su padre.

Donde vivía Romualdo Miguélez


El mismo día seis, a las siete y media de la noche, le toman declaración al acusado, que dice que todo el pueblo sabe que su mujer padece habitualmente accidentes pero que ese día no tuvo. Que estuvo por la mañana cobrando por el pueblo su salario, y se retiró a cuidar las viñas a donde llegó a las tres o cuatro de la tarde a la cabaña y melonar, donde halló a su mujer, y estuvieron comiendo pan y cebolla en defecto de no haber podido llevar el puchero de la prevención, que había dispuesto para comer en casa de Manuel Alonso a cargo de su mujer, Josefa Zamorano.

Ya entra en contradicción cuando le preguntan si había estado en esa casa y le había dado un caldo y la ropa, pues le dijo estar su mujer padeciendo un accidente. Ahora dice que sí, que se le había figurado a él que estaría con el accidente. Continúa su relato de los hechos para explicar la muerte de manera involuntaria: “después de haber estado tomando unánimemente dicho alimento, se puso a dar lumbre para encender un cigarro y, como tuviese arrimada la escopeta, se incendió el fogón y disparó un tiro y la encontró, de forma que la quedó en dicha disposición y se echó a correr al pueblo confundido y anodadado y tomó dicho pretesto, pensando ser bastante para su auxilio y por mejor cifrar su desgracia”.

Preguntado si a las seis se presentaron Ezequiel Díaz y Alfonso del Río y le preguntaron por si había disparado y les dijo que no, lo confirma. Dice no recordar que los volviera a ver cuando ellos regresaban al pueblo.

Lugar del crimen


Dice que no la vieron cuando estuvieron en el melonar porque cuando se le disparó el tiro la apartó y la llevó un trecho, y le puso unos terrados encima.

Exculpa a su hijo afirmando que no sabía lo que había pasado, que se lo dijo de noche, contándole que estaba con el accidente, “por suponerlo de menos sentimiento”, y la cargó sobre sus hombros y la llevó para casa.

Al día siguiente en la panera de la villa interrogan a Romualdo. Como es menor de edad nombran por curador a Antonio Rodríguez Palomino, un vecino labrador.

Dice que fue a las viñas llevado del amor por sus padres y a llevarles una torta reciente que su mujer había cocido ese día, y le preguntó a su padre dónde estaba su madre y le dijo que estaría en la otra cabaña situada a un tiro de vala, o se habría ido al pueblo si acaso había encontrado ganado a encerrarlo. Fue a la otra cabaña y como no la encontró se volvió a la primera, cuando estaba su padre con Ezequiel y Alfonso, y se fue a la villa llegando a la hora del toque de oración y se fue para su casas solo, y al pasar por la puerta de Tomás Alonso le preguntó de donde venía y le dijo que de las viñas.”

Cuando llegó a su casa vio que estaba cerrada y no estaba su mujer, fue a casa de su padre que también estaba cerrada, y vio a su mujer hablando con Josefa Zamorano, que les contó que su padre había llevado un caldo de puchero para su madre porque se hallaba con el accidente. Entonces su mujer y él se fueron a buscarlos hallando a su padre abrazado a su madre llorando y gimiendo en el majuelo de don Marcelino de León como a cien pasos de la cabaña del melonar, y viendo que su madre no rebullía y estaba mortal no tuvo reparo de tomarla sobre los hombros y traerla al pueblo. No se percató de que tuviera sangre. Por la mañana cuando Vicenta Fernández le advirtió que la sábana estaba manchada de sangre le dijo que por la noche se le había saltado a él la sangre de la nariz.

No sé por remordimientos, o por inducción de alguien que no consta en el sumario por estar oficialmente incomunicado, poco después Joaquín pidió declarar de nuevo deseoso de salvar su alma. Justificando su actuación en el estado de embriaguez en que se hallaba ese día.

Para más comodidad en la declaración y mantener el secreto se le trasladó a la sala capitular  del ayuntamiento, poniendo centinelas en las puertas y ventanas para impedir oyentes.

Oficio del Fiscal de la Real Chancillería al alcalde


Declara ser el homicida de su mujer sin que su hijo hubiera tenido la más leve intervención  Héchole cargo, si amaba como debía a su esposa, como y por qué se olvidó deste principio y mucho más del mandamiento y precepto de Dios Nuestro Señor, que prohíbe matar a la propia esposa, qué causa o motivo le asistió para escederse en tal humanidad, faltando a deber tan sagrado, dijo ser notorio a sus convecinos haber estimado y amado a su mujer y que no tenía causa ni motivo para corresponderse tan … con ella, pero lo es también que en el día del subceso no se le separó la embriaguez, y que al llegar a bistarse con dicha su mujer prorrumpiendo en voces de borracho y otras semejantes, alucinado y remontado de cólera, le tiró un tiro con su escopeta del que murió a pocos momentos, y sin saber ya que hacerse, atropellando su imaginación, y subyugándole la tentación del enemigo, lo ocultó a su hijo y nuera y les pretestó ser de un accidente, se bino al pueblo antes de este pasage e hizo este supuesto falso con Josefa Zamorano para exigirla el caldo, pareciéndole que con eso conestaba su deito, e hizo todo lo demás, que en su razón no podría verificarlo a no ser la sugestión del enemigo, obrando solo el espíritu animal, bajo de cuya consideración implora el auxilio divino y la benignidad del Tribunal de Justicia para que, llevándose de la piedad pueda ser favorecido en la parte más posible aunque se considera indigno de ello.”

El día 7 el alcalde ordena su traslado a una cárcel segura “Hallándose confeso el reo, y ante la poca seguridad de la cárcel de la villa, y lo grave que resulta al pueblo el suplirla con centinelas, pudiendo pasar a la de la Chancillería o a la de la capital, mientras el asesor estudia el caso”.

Se dio cuenta al  gobernador y alcaldes del crimen de la Real Chancillería para que se sirvieran mandar que se conduzcan al reo a la capital.

El día 8 toman declaración a Vicenta Rodríguez, mujer de Romualdo Miguélez, que confirma lo de la torta, lo de que se enteraron del accidente y fueron a la cabaña, que al verla muerta se acongojó, y que su marido la tomó y la cargó a los hombros, y no sospecharon nada.

Domicilio del asesino y de la víctima




Embargaron preventivamente  los bienes de Joaquín para ello averiguaron el padrón del salario de guarda de la viñas, a medias con su compañero Apolinar del Río, a fin de que se pueda suministrar el diario para poderse alimentar en la prisión, pues el mantenimiento corría a cargo de los propios presos.

El padrón cobratorio de los vecinos propietarios de las viñas que cuidaban era de 13 cargas de trigo por mitad, y  ya tenían cobradas 22 fanegas, que había cobrado y llevado para su casa, el resto se encargará su cobranza a Fernando Rodríguez, diputado del común. Registrada la casa en presencia de su nuera con todo el cuidado, no pudo ser hallada la escopeta,  y los efectos encontrados se reducen a un escaño de álamo, una tarima de cama con su jergón de corto valor, con una manta igual y también se declaró por suyo propio en la calle un cerdo de ceba de peso de 5 a 6 arrobas, se le embargó junto con la casa y el fruto que pudiera dar el melonar y lo depositaron en Josef Lobo

Vuelve a pedir declarar por tercera vez el reo y dice que la ocurrencia del asesinato sucedió caminando su mujer delante, derecho a la cabaña, y antes de llegar a ella como 20 pasos tirándola por la espalda, de modo que cayó mortal y pareciéndole estar a campo raso la tomó en sus brazos y la trasladó al majuelo donde lo hallaron sus hijos. Entre la ropa que le dio Josefa estaba la camisa que le puso quitándole antes la que tenía “cometió la iniquidad dominado del enemigo”, la camisa que le quitó era como un trapo que solo de cubría las mangas, el cuello y la espalda y la tiró entre las viñas, y que el cacho de bota se lo puso al amortajarla para que no saliera la sangre.

Dice que la escopeta se la vendió a un arriero maragato que pasaba por el camino de Benavente cuando él estaba en el melonar el domingo siguiente.

Romualdo, el hijo declara que no vio la camisa  manchada de sangre por la muchas lágrimas cuando vio muerta a su madre.

El nueve de septiembre se trasladó al acusado a la cárcel de Zamora.

Los autos fueron enviados a la sala del crimen de la Chancillería, que ordenan que se sustancie y determine la causa, dando cuenta al alto tribunal a través del fiscal del mismo.

Escrito de acusación del fiscal


Se nombra promotor fiscal de la causa a don Felipe Iglesias, boticario de la villa, que dice que dio muerte alevosamente a su esposa con las agravantes de serenidad de ánimo y caso pensado para cubrir su delito y movimiento de cadáver, ocultándolo con terrados y tratando de engañar diciendo que había sido un accidente. “Aquí la atención del tribunal para prevenir en lo sucesivo tan fatales casos y que no se sepulte en las muertes repentinas no solo de accidente, sino también de otras varias enfermedades que lo requieren, porque ha sucedido a muchos enterrar vivos, y causarles a los desgraciados la pérdida de la vida temporal y acaso la eterna, destituidos asimismo de los sacramentos , faltando a un deber tan pío y repetido por encargo , por lo tanto considero mque además del parte dado en la Real Chancillería, se dé también al señor Yntendente de Policía por lo que puede atribuir a las funciones del gobierno político y económico en lo venidero)

También el hijo, era susceptible de ser acusado de encubrimiento y remoción del cadáver, aunque alegue el amor de madre, y no es de creer que no viera la sangre.

El alegato del fiscal lo firma el licenciado Segundo Trabadillo, como asesor legal.

Se le notifica al reo en Zamora y al curador de Romualdo.

Escrito del defensor


Fernando de Ledesma es nombrado defensor de Joaquín, pide que se le levante la incomunicación y pueda salir del calabozo para asearse. Dice que su acción fue fruto de la debilidad humana, que estaba borracho y tuvo un acceso de furia o de locura.

El fiscal niega la borrachera por la lucidez de juicio para ocultar el delito y porque los testigos que lo vieron nada dicen de la borrachera, dice que debía de ser ser castigado por los dos delitos, estar borracho y el crimen, se opone a la libertad bajo fianzas,

El 26 de febrero de 1825 se pronuncia la sentencia por los alcaldes de Villafáfila, en base a lo que les envía el asesor desde Benavente:

Propuesta de sentencia del asesor letrado

Sentencia

En el pleyto y causa criminal que ante nos, los Alcaldes Ordinarios, ha pendido y pende del Real Oficio de Justicia, contra Joaquín Miguélez, vecino de esta villa de Villafáfila, por la muetre violenta causada por arma de fuego a su mujer, Josefa Román Méndez, y contra su hijo Romualdo, por haver removido el cadáver desde el sitio en que estava a su casa; y demás contenido en autos:

Vistos Xª

Fallamos, atento a los autos y méritos de esta causa, a lo que en lo necesario nos referimos, que por la culpa que contra el indicado Joaquín Miguélez resulta, le debemos de condenar y condenamos en la pena ordinaria de la vida, que le será quitada en orca pública con las costas originadas, y absolbemos a Romualdo Miguélez de la criminalidad contra él intentada, por no resultar complicidad en el hecho y atentado que dio margen a la formación de la causa, y por lo que consta del proceso contra José García García y José Lobo que dieron sepultura al cadáver, y Diego Pallares, sacristán de la parroquia que lo presenció, de haber advertido se hallaba teñida de sangre la sábana que estava puesta en la caja o ataúd debajo del cadáber, lo que les hizo entrar en sospecha según declaran, y no haber dado parte a la justicia de esta nobedad que observaron y les sorprendió, condenamos a cada uno en la multa de cuatro ducados, aplicados por mitad a penas de cámara y gastos de justicia, y les apercibimos procedan con mayor cuidado y circunspección en los casos que en lo sucesivo puedan ocurrir de esta clase. Oficiesé al Párroco de Santa María para que en adelante no de sepultura a los que lleguen a fallecer repentinamente, sin que preceda el reconocimiento del Facultativo del pueblo de haver espiado naturalmente, y transcurra el tiempo competente. Y por esta nuestra sentencia que se consultara con los señores Gobernadores y Alcaldes del Crimen de la Real Chancillería de Valladolid, definitivamente juzgando con acuerdo del Asesor nombrado, así lo pronunciamos y mandamos y firmamos

Licenciado Juan Antonio Rama y Arcas

 

Sentencia definitiva de los alcaldes de Villafáfila

El fallo definitivo de los alcaldes, con otro informe de otro asesor es el siguiente:

Fallamos, atendido su mérito a que en lo necesario nos concretamos; que resultando como resulta el enunciado Joaquín Miguélez reo cierto del uxoricidio dela Josefa Román Méndez, delito atroz y alevoso en su manera, le debemos condenar y condenamos a la pena ordinario de muerte en orca con las costas del expediente. Que ejecutada ésta se ponga pendiente de un palo el brazo y mano derecha del uxoricida Joaquín, a la salida de esta villa con dirección al sitio aciago en que sucedió tan feo delito, para que su recuerdo, aunque triste, auyente de todos los espectadores ideas tan funestas cuanto tan contrarias a los sentimientos cristianos y deber social. Se declara vastamente purgado el indicio contra su hijo Romualdo en las circunstancias y su obrar, con la prisión que ha sufrido sin otra pena alguna. Condenamos también mancomunadamente a José García García, José Lobo y Diego Pallares por su silencio y apatía a la faz de los indicantes fuertes que notaron en negocio de tanta trascendencia a que paguen veinte ducados por pena, prevenidos para que en lo sucesivo no omitan dar parte a la Xusticia de cuanto infunda sospecha y conque se está al alcance de los delitos exterminadores de la sociedad. Hágase saber por oficios formales así al párroco de Santa María que dio sepultura al cadáver de la Josefa, cuanto a los demás de esta villa que en adelante no la verifiquen jamás de personas que hayan muerto repentinamente sin conocimiento de un mal efectivo,  sin que sea antes avisada la Xusticia, y echo su deber para evitar tan funestos acontecimientos . Así por esta nuestra sentencia definitiva que mandamos se lleve y consulte con su Alteza la Real Chancillería de Valladolid en las Salas del Crimen por mano del Fiscal de S. M (Q.D.G.) lo proveímos, determinamos y firmamos, de acuerdo con nuestro infrascrito  nombrado asesor, que a la par firma

Alonso Gutiérrez. Ambrosio Ximénez. Ldo Manuel Ximénez Navarro

 

Firmas de los alcaldes en la sentencia

Agrava la pena de muerte con la exhibición pública del brazo y  la mano, amputados después de su ejecución, para que sirva de escarmiento. Es el sentimiento de la justicia local, cercana y conocedora de los personajes.

Como esa sentencia de muerte debía ser revisada por la Real Chancillería que tardan un año en pronunciarse los señores gobernador y alcaldes del crimen el cinco de enero de 1826: “se revoca la sentencia del inferior y por lo que de la causa resulta, se condena a Joaquín Miguélez en diez años de presidio en Filipinas con retención y en todas las costas, y se declara que Romualdo Miguélez ha purgado con la prisión que ha sufrido las sospechas que contra él aparecen.

Fijan las costas en 627 reales, pero los escasos bienes embargados al acusado y subastados no alcanzaron más que 425 reales que no llegaron para el mantenimiento diario del preso fijado en 2 reales.

El 24 de enero el alcalde don Juan de León manda exhorto al caballero corregidor de Zamora, en cuya cárcel se encuentra Joaquín por seguridad para que se le haga saber el auto, y al caballero Intendente de Zamora para su conducción en la cuerda de presos que salga para Valladolid

El 1  de febrero se le notificó a Joaquín en la cárcel de Zamora.

El intendente contesta que no le corresponde a él el traslado del preso a la disposición de la Real Chancillería para el cumplimiento de la pena.

Ante esta negativa el alcalde de Villafáfila organiza el traslado desde la cárcel de Zamora a cargo de varios voluntarios realistas de la villa.

Escrito para el traslado del reo a Valladolid para su presidio en Filipinas


 Don Juan de León Arias, oficial retirado con real despacho,  y Alcalde Ordinario por el Estado  Noble de esta villa de Villafáfila y su jurisdicción en la Provincia de Zamora, que de serlo y hallarse en actual ejercicio el infrascrito de Número y Ayuntamiento de quien hirá refrendado este mi exorto requisitorio da fe:

A V.V.S.S. o Mercedes los señores Corregidores, Gobernadores, Alcaldes Mayores, y Ordinarios y demás Autoridades Civiles y Militares, ante quienes fuere presentado este mi exorto y de su contenido pedido cumplimiento de Xusticia:

Hago Saber que en este mi juzgado se formó causa del Real Oficio de Justicia en quatro de septiembre del año pasado de veinte y cuatro, sobre la muerte de Josefa Méndez, mujer de Joaquín Miguélez, de esta vecindad, de la que resultó por confesión del mismo ser el único autor del uxoricida; y seguida, oyéndole en el plenario su defensa fue sentenciado a pena capital y que el brazo derecho se pusiese donde fue cometida la muerte, y remitidosé a la aprovación de S.A.R. los Señores Gobernadores y Alcaldes del Crimen ..

Como debe ser trasladado al depósito que se halla en Valladolid “ y corresponder al Sr Intendente del Ejército de este Reino para que se berifique… tengo acordado comisionar como comisiono al Regidor Decano de este Ayuntamiento Don Santiago Zamorano, uno de los Realistas de este Tercio, asociado y auxiliado de los que igualmente son dél Nicolás Álvarez, Pedro Salagre, y Francisco Martínez, vecinos de esta villa, que desde ésta se dirigirán a dicha capital de Zamora, y escarcelado el reo de orden del caballero corregidor, recibido que sea a hora oportuna, partirán y le conducirán con custodia y seguridad hasta la entrega en dicho depósito; y para que dichos conductores sean auxiliados y socorridos en los pueblos del tránsito con el común alejamiento, cárceles, prisiones y fuerza de Realistas o paisanos que necesitasen y fuesen de dar a nombre de Su Magestad ( Que Dios Guarde).

Oficio para comunicarle la sentencia al reo


Si se negaran a prestarle auxilio a la comitiva del traslado, el regidor comisionado dará cuenta al Fiscal de S. M. para su traslado al Sr Gobernador del Crimen. A 10 de febrero.

No sabemos el destino de Joaquín, si llegó a Filipinas, si  sobrevivió a la pena de 10 años de presidio.

Investigando un poco los rastros en los registros sabemos la difunta Josefa había nacido en Otero en 1770, hija de José Méndez, de Otero, y de Francisca Román de Villafáfila. El padre muere cuando ella tenía 5 años. Su madre fallece en 1794.

Joaquín había nacido en Villafáfila en 1778, por lo que era casi 8 años menor que su esposa, hijo de Tirso Miguélez de Cubillas de los Oteros, y de María Martínez de Fresno de la Vega. Se debieron de casar en Otero donde vivía Josefa  hacia 1799, aunque no se conserva la partida. Bautizan a su primer hijo, José en Otero en 1800, no sabemos su destino. Romualdo ya nace en Villafáfila y es bautizado en Santa María en 1803.  Cayetano nace en 1806 y muere a los dos años. En 1809 bautizan a Pedro, que muere al año. En 1811 nace Manuel que muere a los 10 años en 1821.

El hijo, Romualdo, que se había casado en 1823 con Vicenta Rodríguez Robles en San Pedro,  tuvo varios hijos en Villafáfila entre 1824 y 1834, murió en 1841. De su viuda e hijos no he encontrado rastro.

Sobre la localización de la vivienda estaría situada en lo que entonces se llamaba Plazuela del Castillo. Pues estaba en la parroquia de Santa María, su vecina Josefa Zamorano, mujer de Manuel Alonso Rodríguez, y José Lobo vivían en la Plazuela de Castillo la parte de Santa María, es decir la actual calle de la Botica entre la panadería y la esquina de la Calle Sacramento. La otra vecina, Vicenta Fernández del Río vivía en la calle La Botica pero dentro de la parroquia de Santa María.

Calle donde vivía el hijo Romualdo Miguélez


Romualdo vivía en la calle de Los Afligidos que entonces pertenecía a la parroquia de San Martín.

 

sábado, 26 de noviembre de 2022

Villafáfila 1824: altercado entre soldados destacados en la villa

Gracias a la conservación de varios legajos del juzgado de Villafáfila correspondientes al año 1824, en plena restauración absolutista después del Trienio Liberal, podemos conocer varios hechos truculentos ocurridos entonces en la villa.

Hoy se trata de un incidente ocurrido entre los militares destacados en ella el día de las celebraciones de la patrona de la villa, Santa Isabel, que coincidió con la llegada a Villafáfila del obispo de Astorga acompañado del arzobispo de Toledo.

Inicio de los autos


Transcribo este legajo:

“Anoche, dos del corriente, después de la celebridad con que se obsequió el día de la patrona de esta villa, y entrada en ella del Yllustrísimo prelado de Astorga, hallándome en el Ayuntamiento he oído lamentarse una persona, baxé rápidamente, y en medio de la Plaza, encontré el resultado de hallarse herido un soldado por mano de su sargento, uno y otro de la partida estacada en este pueblo, le mandé pasar entre otros dos por el Ministro a la casa del facultativo titular de esta villa, con orden de que se le tomase la sangre y se le curase, como en efecto se practicó. Pero sobre las once se agravó el enfermo en disposición de que fue necesario dar parte al párroco de San Pedro, en cuya feligresía es la casa del indicado facultativo, donde se le quedó y se halla."

“El sargento fue llamado a mi presencia a quien le hice cargo de lo acaecido, confesando se pudo haber herido a dicho soldado con el sable enbaynado, y manifestó como que tenía la vaina rota por el corte, en la que se percibía la mancha de la sangre, hizo ver que el soldado (…) solo le desobedeció, no habiendo concurrido como los demás para ir en persecución de los malhechores que se dixon estaban en el monte de Castronuevo reunidos, conmigo y de los Realistas de este pueblo, sino que habiendo regresado y mandándole ir preso, se resistió a ello, presenciándole los demás individuos.

“Y como puede darse el caso de que ocurra novedad mas gravante en el herido, no omito dar parte a V. en el concepto de capitán retirado existente en esta villa, persuadiéndome deverá tener conocimiento en esta causa por no haber comandante de armas en ella, y espero que para mi resguardo se sirva contestarme lo que viese por conveniente”.

Dios guarde a V muchos años.

Villafáfila y julio, 3 de 1824.

Gabriel Costilla

Este es el oficio que el alcalde ordinario de Villafáfila por el estado de los hidalgos le dirige a Miguel Alberola, que era un capitán retirado que se encontraba por entonces en la villa comisionado por el señor Intendente de Zamora para el cobro de las contribuciones estatales, como era habitual desde los años del Trienio Liberal, ante las dificultades para su recaudación por los ayuntamientos, por lo que el apremio militar ejercía de acicate.

Además en la villa se encontraba desde tiempo atrás, antes del Trienio, un destacamento de soldados en activo con funciones policiales, pertenecientes al Regimiento de la Reina Amalia, al mando de un sargento primero, Fermín Hernández, y compuesta además por los cabos primeros Buenaventura Nieto de 20 años y José Ramón Vela, y al menos por los soldados Juan Ruiz, de 23, Valentín Muga de 22, José Rando de 21, Francisco Rodríguez de 24 y Manuel Villanueva de 20.


Soldados de la época con sable o escopeta



El capitán Alberola, comisionado por el alcalde, que en esos años de la restauración absolutista ejerce como jefe de policía, para actuar como un fiscal instructor procede al nombramiento de militar que actúe como escribano del proceso.

Don Miguel Alberola, capitán agregado al E.M. de la Plaza de Zamora, y comisionado para la formación del sumario sobre los acontecimiento que expresa el oficio que obra por cabeza del Sr Alcalde de esta villa por su estado de hijosdalgos, habiendo de nombrar escribano según previenen las Reales Ordenanzas para que actúe: nombro a Buenaventura Nieto, cabo 1º de la 5ª Compañía del Batallón Ligero de la Reyna Amalia, quien advertido de la obligación que contrahe acepta, jura y promete guardar silencio y fidelidad en cuanto actúe, y para que conste lo firma conmigo en Villafáfila a tres días del mes de julio de 1824.

Alberola.

Buenaventura Nieto.

Constituidos pasan a casa del cirujano a tomar declaración al herido, el soldado Juan Ruiz, para lo cual previamente toma declaración a don Tomás Rodríguez[1], colegiado del Real Colegio de Medicina y Cirugía de San Carlos de Madrid, por hallarse enfermo el cirujano titular, de que el herido está en condiciones de hacer su declaración “habiendole reconocido y hallándose espedito de sus sentidos y potencias y capaz de declarar”.

Reconocimiento del herido


El soldado herido se llama Juan Ruiz, natural de La Rambla, en la provincia de Córdoba, ser de religión católica, apostólica y romana, de 23 años, y no sabía firmar.

Declara que había llegado ayer de recorrer ciertos pueblos en calidad de apremio al pago de las contribuciones, de orden del Señor Intendente de Policía Zamora, se presentó ante el Sargento Primero don Fermín Fernández, comandante de la partida que se halla en esta villa para que le dispensase de asistir a la formación que estaba prevista para escoltar al ayuntamiento que salía a recibir al obispo de Astorga. El sargento se lo negó diciéndole que se asease para formar por la tarde. Había lavado la ropa y no tenía otra para ponerse, pero se presentó tan pronto como pudo en la plaza reuniéndose con la partida y dispuesto a hacer el servicio que le pusiera, escusándose por no haber podido formar y exponiéndole las razones. El sargento lo mandó a la cárcel, y el se excusaba diciéndole que le tenía pedido 5 días  que se le debían de socorros. El sargento le dio un golpe con el sable en la sien izquierda del que quedó sin sentido. Lo llevaron entre varios que no recuerda a casa del cirujano y allí, “agrabándosele por instantes la herida se puso en términos, que no puede dar razón de lo que acaeció después, hasta esta mañana que principió en mejorarse”.

El instructor mandó depositar el vestuario y las armas del soldado, y el arma del sargento en poder del comandante accidental de la partida, por hallarse arrestado el sargento, el cabo primero Ramón Vela, dando el alojamiento por cárcel del sargento.

A casa del cirujano don Ambrosio Fernández[2] de 67 años, que vivía en la calle Rejadorada, llegaron como a las nueve de la noche, varios realistas, algunos miembros de la justicia y algunos militares con el herido. Como él estaba enfermo y el herido tenía un fluido vehemente de sangre fue atendido por el colegial del Real Colegio de Medicina y Cirugía de San Carlos, Tomás Rodríguez de 27 años, que declara que lo asistió por hallarse en casa del cirujano titular, que estaba enfermo. Tenía una herida en la sien izquierda como de tres dedos, que interesaba el músculo crotafites y la arteria temporal, y le sobrevino una efusión de sangre, de lo que le resulto una lipotimia o letargo que le duró tres horas, por lo que avisaron al cura de San Pedro que le administro la Extremaunción a las once de la noche. A la una comenzó a mejorarse de su letargo cuya mejoría sigue al día de hoy. Era una herida producida por un instrumento cortante como un sable, pero no puede decir si desenvainado o con la vaina rota.

Soldados de época

Después de tomar la declaración al herido, como lo tenían en el portal de la casa del cirujano, y ya se encontraba mejor, manda el instructor trasladarlo a su aposento.

El primer testigo al que toman declaración es al soldado José Rando, de 21 años, que “dice que Ruiz estaba de centinela en los arcos de la plaza y el sargento le preguntó que por qué no había venido a la formación, porque había tenido que dar a lavar los pantalones porque había venido de partida, le dio con el sable un palo en la cruz de la fortuna, llamándole borracho e improperándole de otros dicterios y le mandó ir al calabozo, a lo que se resistió el soldado contestándole que no iría interín le hiciese presente a la justicia todos los antecedentes… que enfurecido por esto y lleno de cólera el sargento le dio un revés de sable en las sien izquierda”



Don Cipriano Orduña, que era uno de los regidores del ayuntamiento por el estado de hidalgos, “había salido a echar unos coetes al balcón del ayuntamiento con otros individuos de justicia oyó los gritos

Teodulo Orduña, un hidalgo de medina hacienda, hermano del anterior, tenía 34 años,  era un “individuo de la milicia voluntaria realista de este pueblo”. En resumen declara que alcalde dio una voz de ¡Realistas¡ para que llevasen al soldado herido a la casa del cirujano, y acudió para llevarlo a casa del cirujano a curarlo. El soldado le dijo que había sido porque le había pedido 5 reales que le debía. Desde casa del cirujano, Teódulo se fue a casa del señor Domingo del Teso, donde halló al sargento, que dijo que le pesaba no haber dejado allí donde lo hirió, muerto al soldado, y añadió que con una cuartilla de papel pagaba, y que tan pronto como se aliviara el herido, le pegaría cien palos y le metería en el calabozo.

Ante las declaraciones coincidentes el instructor dispuso que el sargento fuera trasladado a la cárcel, pero el alcalde dijo que era muy poco segura y malsana, y quedó en calidad de preso en su alojamiento con vigilancia e incomunicado.

El testimonio de Alfonso Escaja, de 27 años, otro de los voluntarios realistas[3] es más detallado. La noche de autos, como a eso de las nueve de orden de los señores de justicia fue a llamar al sargento y cabos de la partida para que fueran a refrescar, y hallándose en el cuerpo de guardia donde se hospedaba el señor obispo de Astorga, llegó al mismo tiempo el soldado Juan Ruiz, diciendo mi sargento me han dicho que quería ponerme arrestado por no haber salido con la partida, contestándole el sargento que sí, a lo que el dicho soldado dijo que la ordenanza no mandaba que habiendo andado el día anterior ocho o más leguas no se le podía obligar a salir el día siguiente, en razón de haber andado el mismo día tres leguas de madrugada y sobre todo había lavado, limpiado y secado la ropa, mandándole el sargento callarse, respondiéndole que con la razón nadie le podía hacer callar, repitiéndole el sargento que callase, no queriendo hacerlo el soldado, sin duda por hallarse tomado por el vino, el dicho sargento sacó el sable envainado y le dio un golpe de plano en el pecho, mandándole a uno de los cabos que lo llevase al calabozo, que está próximo a la referida casa, el declarante y el sargento se quedaron en el sitio, y oyendo que se resistía a entrar en el calabozo y que no quería callar, el sargento se separó del declarante y al poco oyó quejarse al soldado que lo había muerto el sargento de un sablazo.

Martín Costilla, clérigo natural de Villafáfila, de 27 años, hermano del alcalde y párroco de San Pedro desde principios de ese año, certifica que le administró el sacramento de la extremaunción como a las once de la noche.

Certificación del cura de San Pedro


Testigo Francisco Rodríguez, soldado, 24 años, nos da el detalle de que Juan Ruiz se hallaba de centinela en el arco triunfal que se había hecho en la plaza para la entrada del obispo de Astorga, no en los arcos del ayuntamiento. Se ve que el recibimiento episcopal era memorable, después de los años del Trienio.

Declaración del sargento Fermín Hernández, natural de Santo Domingo de la Calzada: “el día 2 había llegado de comisión con el cabo Buenaventura Nieto sobre las 9 de la mañana, y a las dos y media de la tarde, estando descansando en su alojamiento, llegó el alcalde y juez de policía de esta villa, el que le despertó diciendo es preciso que se arme la partida para salir al monte de Castronuevo con motivo de esperar al Yllustrisimo Señor Obispo de Astorga y Arzobispo de Toledo, mandó al cabo José Ramón Vela para que lo verificase con todo el resto de la partida, lo ejecutó el dicho cabo a excepción de dos soldados que no lo hicieron, el uno por hallarse comisionado y el otro Juan Ruiz, por haber contestado al soldado  Manuel Villanueva que había venido de partida y estaba cansado y no podía ni quería ir. Se adelantó con el alcalde para la villa, llegando el resto de la tropa escoltando al obispo de Astorga, a cuya sazón se hallaba de centinela en el arco que habían hecho, y se le relevó a las 9, luego fue reconvenido por no haber querido salir, pues en igual caso se hallaba el cabo Buenaventura Nieto, y le perdió la subordinación, le dio un golpe con el sable en la espalda y le saltó la conbrera y siguió profiriendo voces mandándole callar y no obedeció, y mandó al cabo Buenaventura que lo llevase a la cárcel,  e iba profiriendo expresiones como qué carajo, que no iría a la cárcel y que antes consentiría le tirasen cuatro tiros y volvió a la cárcel y le dijo ven acá bribón y le dio con el sable, pero como era de noche no sabe donde le dio. Le parece que podía estar embriagado…Le había pedido 5 días de socorros que le debía por la mañana y le dijo que se los daría por la tarde”.

Declaración del herido

El instructor nombró por escribano provisional a José Ramón Vela para tomar declaración al cabo Buenaventura Nieto.


Como novedad dice que se resistía a entrar diciendo que quería antes hablar con la justicia y que le pagase los 5 días que le debía de socorro. Y que el sargento lo mandó a Buenaventura que fuera a casa del cirujano a traer al soldado para llevarlo al calabozo, pero no lo ejecutó por estar el soldado inmóvil y esperando un sacerdote

Acabada la instrucción del sumario el capitán Alberola propone al alcalde que se debe trasladar la causa al señor coronel del regimiento como autoridad militar superior para que dictamine la sentencia.

Pero no llegó a remitirse oficialmente al coronel, bien porque entre el capitán instructor, el alcalde y el escribano Vitacarros  aconsejaran al acusado y al herido que llegasen a un acuerdo amistoso, o bien porque desde Zamora lo insinuaran para no tener que poner la pena que marcaban las Reales Ordenanzas en casos semejantes.

El día 14 el sargento y el soldado elevan una petición al alcalde para que se sobresean las actuaciones:

Petición de que se sobresea el caso

Con motivo de celebrar el ayuntamiento y cabildo eclesiástico de esta villa el júbilo ostentoso de la patrona en el día dos del corriente, y mucho más por el recibimiento que se esperaba al amohecer del mismo a los reberendísimos e illustrísimos señores Arzobispo de Toledo y obispo de Astorga viniendo reunidos desde la ciudad de Toro, donde se saludaron y visitaron (sin duda de orden del gobierno), y haberse dado a las tres de esa tarde noticia a las justicias de que andaban en el monte de Castronuevo, por donde habían de pasar, se habían visto dos montados y armados, induciendo la sospecha de malhechores, dispuse la partida de mi cargo destacada en este pueblo, con anuencia de V. como juez de policía y no perdiendo momento partimos uniformes a la cabeza de ella y de los realistas, y como al punto de reunión hubiese notado la falta de dicho Ruiz, percibí la mayor incomodidad y alboroto en el espíritu, que no descansé hasta el regreso, que hallándome en ésta, le reconvine sobre su insubordinación cometida en medio del estruendo y (….) que se hallaba en la plaza la indicada noche, y como no se diese por convencido y respondiese con la misma, tiré del sable embainado. Quería darle en la espalda y volvió la cabeza y le di en la sien.”

 Piden al alcalde que no lo eleve al Jefe superior y se perdonan mutuamente y se separan de cualquier acción y piden que sea tenida por ninguna la presente causa. El soldado ya está sano y se une a la petición del sargento “guiados de ver resplandecer la cordial amistad y tranquilidad que hasta aquí hemos conservado”.

Soldados principios del siglo XIX

El 16 se reunieron los dos interesados con don Gabriel Costilla  señor juez ordinario de primer voto y encargado de la policía por el Sr Intendente de la Provincia”, el capitán Miguel Arbeloa, y el escribano Vitacarros para la ratificación del apartamiento de las demanda, dejando lo actuado en poder del escribano, que es lo que se ha conservado y gracias a ello podemos conocer el incidente.



[1] Tomás había nacido en 1796 en la parroquia de Santa María, hijo de don Pedro, de Benavente, y de doña Isabel de León Caballero, de Villafáfila. Inició sus estudios en la universidad en 1817 y los acabó en 1825

[2] Había nacido en 1757 en San Salvador, después de un pleito con el médico don Ramón Vega en 1804 por impago de salarios, no se contrató médico en la villa hasta 1842, sino que ejercía don Ambrosio como cirujano, que equivaldría a lo que hoy conocemos como practicante.

[3]  Cuerpo de voluntarios partidarios del restablecimiento del absolutismo después de Trienio Liberal https://es.wikipedia.org/wiki/Voluntarios_Realistas


miércoles, 23 de noviembre de 2022

El corregidor Soto, "infamador de mujeres" (y III)

 
El rey Felipe II. Museo del Prado





Cristóbal con el fallo favorable del juicio de residencia, y contando con la confianza del marqués de Tábara y de los oficiales de su casa, no tardaría en volver a ser nombrado corregidor de Villafáfila, donde ejerce en 1581. No conocemos el juicio de residencia de este segundo mandato, que acabaría en verano de 1582, pero sí está documentada la residencia que se le toma del periodo que va desde agosto de 1582 hasta diciembre de 1584, en que volvió a ejercer el cargo de corregidor de Villafáfila.

El marqués nombra a finales del ese año como juez de residencia al licenciado Pedro Rodríguez de Argüello, que al llegar a la villa pregona los siguientes capítulos para proceder al juicio de residencia contra el corregidor cesante y mantener la tranquilidad pública:

Que ninguno sea osado de traer armas, si no fuese conforme a la premática de su magestad y leies destos reynos, so pena de que las tengan perdidas.

Que ninguna persona sospechosas anden juntas en compañía ni de quadrilla, so pena que qualesquier armas que trajeren de día o de noche las tengan perdidas.

Que ninguno sea osado en meter armas en la carniçería ni pescadería ny en casa sospechosa, so pena que las aya perdido.

Que ninguno sea osado de echar mano contra otro a espada, so pena que le será clavada la mano en el rollo o picota desta villa.

Que todos los vagabundos e personas que no viven de sus trabajos, ny tiene ofiçios, ni sirven, amos salgan desta villa dentro de trº día, so pena de doçientos azotes.

Que todas las personas vºs desta villa no sean osados destar amançebados, ni ser alcahuetes, ny hechiçeros, y las personas que lo fuesen se salgan desta villa destro de trº día, so pena que se proçederá contra ellos con todo rigor.

Que todos los mesonesros desta villa e su jurisdiçión guarden, los arançeles que les fueren dados, y conforme a ellos leven el dinero a los huéspedes que posen en sus posadas, y tengan buenas camas límpias y los pesebres sanos, y no tengan en la caballeriças gallinas ny puercos y que tengan buen aparerejos de paja y serviçio, so las penas declaradas en estos reynos e hordenanças desta villa.

Que ninguno de los dichos mesoneros acojan ni rresçiban rrufianes, ni malas mujeres que ganen por sus personas, ni ladrones, ny vagabundos, ny veçinos del pueblo, ni otra persona sospechosa, so pena que por la primera vez pague seiçientos mrs. Y por la segunda mil, e más sea desterrado desta villa e su jurisdiçión por espaçio de medio año preçiso e por la terçera vez le sean dados çien azotes e un año de destierro preçiso.

Que ninguno sea osado de jugar dados ny naypes ni otros juegos bedados por leies destos rreynos ny tener tablero de juego en público ni en secreto, so pena de yncurrir en las penas dellos, e que no sea osado de jugar bolos ni otros juegos los domingos e fiestas de guardar antes de mysa, so pena de seisçientos mr. Y en defecto de no los tener esté seis días en la cárçel.

Manda que sea apregonado para que venga a notiçia de todos.

Escribano de la residencia Melchor Macías.

Fallos del juicio de residencia

http://

 Como era habitual en los juicios de residencia lo primero que hizo fue publicar que quien estuviera agraviado o supiera de algún delito o falta del corregidor saliente, que se presentara ante el juez secretamente para ser interrogado, tanto de sus funciones judiciales, como de sus funciones gubernativas o de su honradez personal:

Las siguientes preguntas se hagan a los testigos que fueren rresçibidos en la pesquisa y rresidençia secreta que se toma a Xbal de Aguilar Soto, corregidor que fue desta villa y tierra, por el Yllmo. Sr. Ldo. Pedro Rodríguez de Argüello.

1-     Si lo conocen y saben que usó y administró el oficio de corregidor desde agosto de 1582 hasta el 2-12-84 en que dejó la vara y se publicó su residencia.

2-     Si saben si había dejado de hacer justicia a las partes que ante él la han pedido por enemistad, o por amor o amistad o parcialidad, dádivas, o ruegos, o por otra alguna causa, y si ha tratado mal a los que se la pedían de dicho o de hecho.

3-     Si ha sido remiso o negligente en castigar delitos públicos de que tuvo noticia, como blasfemos públicos, amancebados, logreros, jugadores, y otros semejantes y si con los blasfemos ha dispendado en las prisiones y con los amancebados públicos en los destierros.

4-     Si ha sido negligente en visitar los lugares de su jurisdicción cuando era necesario y si ha visitado los términos y renovado los mojones.

5-     Si ha hecho algunas condenas para la cámara se su señoría y no las haya asentado en los libros de penas de cámara ni ha acudido con ellas al fiscal o al mayordomo o si ha llevado parte de algunas penas que no le pertenecían.

6-     Si ha sido abogado o procurador o solicitador en los pleitos que ante él y su tribunal pendían llevando por ellos derechos.

7-     Si ha llevado alguna pena antes de que las partes fuesen codenadas o si con ella ha hecho alguna iguala o concierto antes de las condenas.

8-     Si ha consentido arrendar algún oficio de alguacil o si por la elección de alguacil ha llevado dádivas o presentes.

9-     Si ha guardado y hecho guardar las ordenanzas de la villa tocantes al bien público y buena gobernación de villa y tierra.

10- Si ha consentido llevar nuevos pedidos o imposiciones y derramas y si ha castigado a los que las llevaban o si ha consentido traer vara de justicia a alguien que no debía y si ha defendido la jurisdicción.

11- Si ha sido negligente en aumentar y aprovechar las rentas y propios de esta villa y si ha hecho tomar las cuentas de los propios y rentas de la villa.

12- Si ha tenido cuidado en la obras públicas se hiciesen al menor coste y mejor hechas y con acuerdo del regimiento.

13- Si ha llevado vistas y accesorias de los procesos o derechos demasiados o penas demasiadas.

14- Si ha tomado dádivas, o presentes, o cosas de oro, o plata, o seda, o paños, o cosa de comer, o beber de las personas que no podía y eran de su jurisdicción, o si ha comprado más barato que otros por temor o amenazas que hacía a los vendedores.

15- Si ha sido negligente en hacer aderezar las calles y caminos, fuentes, puentes y otras cosas públicas, y si ha visitado los pesos y medidas y los mantenimientos haciéndolos vender a convenibles precios y que fuesen buenos, visitando la carnicería, viendo si el carnero o vaca que en la tabla de ella se pesa y acudiendo con cuidado a las cosas que son de república.

16- Si ha visitado los mesones y posadas para ver como estaban proveídos, buscando en ellos los ladrones, rufianes, y vagabundos y otros delincuentes.

17- Si ha sido negligente en prender a los culpados y en saliéndose de la jurisdicción envíar en seguimiento de ellos con cartas requisitorias haciéndoles las diligencias necesarias.

18- Si ha tenido durante su oficio algún trato o comercio de comprar o vender algunas mercadurías, y si ha tenido amores con algunas mujeres, entrádoles en las casas y haciéndoles alguna fuerza de que resultasen escándalos y murmuraciones.

19- Si ha jugado a los naipes en más cantidad de lo permitido, dados, u otros juegos prohibidos por leyes y pragmáticas de estos reinos, o ha consentido jugar no castigándolo, o si ha sido negligente no haciendo las audiencias en sus tiempos o acudiendo tarde a ellas.

20- Si ha residido todo el tiempo de su oficio en la villa o si ha estado ausente algún tiempo y estando ausente ha llevado salario.

21- Si se informó al empezar su oficio si había arancel y tabla de los derechos que habían de llevar las justicias y los escribanos y si no lo había si lo mandó hacer de nuevo o si ha sido remiso en tenerlo puesto en el auditorio de su audiencia o donde se acostumbra a poner

22- Si ha tenido más amistad con algunos vecinos que con otros mostrándose más favorable, o si ha hecho alguna confederación o alianza con ellos y por eso haya hecho más o menos justicia de la que debía.

23- Si todo ello es publica voz y fama.

Soto sabía que se había creado muchos enemigos por sus actuaciones desde su llegada a la villa seis años antes, y temiendo que algunos testificaran contra él, se pone la venda antes de la herida, y hace un requerimiento al juez de residencia para que no reciba testimonios anónimos, y que le dé traslado de los testimonios que se presenten en su contra, maniobra que podría amedrentar a los posibles testigos desfavorables.

“Escribano que presente estáis: dareisme fe y testimonio signado con día mes y año, de manera que haga fe a mí, Xbal de Aguilar Soto, corregidor que he sido de esta villa, en cómo pido y requiero al Ilmo. Sr. el liçençiado Pedro Rodríguez de Argüello que, por cuanto yo me temo que algunas personas, veçinos de esta villa, que me tienen odio y mala voluntad, por haber hecho contra ellos algunos proçesos durante mi ofiçio de corregidor, en la residencia que se me toma de mi ofiçio, han de intentar de me poner algunos capítulos, que pido y requiero a su merced una, dos, tres y más veçes, todas las que de derecho puedo y debo, sea servido no reçibir ningún capítulo sin que vaya firmado de la propia parte que le pusiere y intentare, y de todos ellos y de cada uno por sí me dé traslado, para que yo pueda saber y alegar lo que viere a mi justiçia conviene, que en ello hará su merçed bien y lo que debe de justiçia, y, de como así lo pido y requiero, lo pido por testimonio y a los çircunstantes, ruego en ello me sean testigos . Cristobal de Aguilar Soto .

Hernando de Mercado.

 

Obra literaria sobre los comportamientos de los corregidores en el Antiguo Régimen

De las declaraciones “secretas” de los testigos resultan una serie de cargos:

1-Tener más amistad con unos más que con otros:

Ha tenido mucha más amistad con el bachiller Mercado, difunto, y con los hijos de Luis de Barrio andando con ellos más de ordinario”.

“Ha tenido más amistad con Andrés de Barrio, e con Antonio Briceño e con Pedro de Barrio yendo a visitarlos a sus casas y ellos a la del corregidor. De casa de Andrés de Barrio salió una moza preñada, la qual deçía que le hiçiese justiçia el dicho corregidor, diçiendo que Andrés García, criado de Andrés de Barrio, la había empreñado, que le hiçiese tomar la cría y, aunque el corregidor pidió informaçión, oyó decir por el lugar que, por ser mozo de Andrés de Barrio, no había hecho justiçia, que si fuera otro le castigara”

1-     Permitir que estuvieran mal reparadas las calles y muchos silos hundidos:

Ha hecho pregonar que tengan las calles limpias e que sabe que unos silos que están a Stª María, a San Miguel, e a la Çerca, aunque los ha visto abiertos, no los ha mandado aderezar y se han seguido y siguen muchos daños. Una vez vio que un buey cayó en uno de los silos de la plaza de Santa María y que, cuando anda la proçesión, mucha gente cae porque se atropellan unos a otros y no haber lugar por do pasar”

“Las calles han estado suçias porque en la boca de la calle donde bivió Mercado estaba gran cantidad de tierra y suçiedad, que no se podía pasar cabalgadura ni persona, y en una plazuela junto a la carniçería desta villa estaban mucho estiercol y barro sin que lo hiçiese quitar, aunque lo ha visto muchas veçes y aberselo rogado”

2-     Jugar a juegos prohíbidos

 ha jugado a los naipes, a la primera, quínolas, chilindrón, ganapierde y treinta, e otros juegos, excepto los bueltos”

Que ha jugado a los naypes, al chilindrón e quínolas con don Fco de Robles y con Fco de Barrio, y sabe que ha castigado a los que jugaban como a Tirso Pérez e Ysendo e otros”

Ha jugado naypes e axedrez”

ha jugado naipes en la plaza de esta villa y en casa del cura de San Juan, y en casa de Mercado con don Fco de Robles, y Fco de Barrio y Fco de Villacorta, pero no sabe la cantidad que jugaban

“Oyó deçir que unas veçes perdió 100 reales e otras veçes treinta e quarenta e lo oyó a Juan Alvárez, como siempre anda con ellos los ve”



3-     Ha tratado amores con mujeres casadas y solteras de lo cual ha resultado escándalo y murmuración, dándose mal ejemplo en esta villa

Durante el tiempo de su ofiçio ha entrado en casa de una mujer casada y honrada que se deçía que trataba amores con ella, se lo oyó deçir a Baltasar de Movilla que lo había açechado y visto por sus ojos

Durante el tiempo de su ofiçio ha tratado amores con algunas mujeres desta villa porque ellas se lo han dicho a este testigo que por ser casadas no las nombra y ha habido murmuraciones y a paresçido mal  a los vºs”

 sabe (Hdo de Movilla) que el corregidor envió un alguacil que se decía Fuente en casa de una mujer honrada e prençipal de la villa, que por ser casada e su onestidad no la nombra, a rrequerirla primero, e que después entró el dicho Xbal de Soto, ofreçiendole dineros e otras cosas que haría en serviçio, procurando con ello atraerla a su gusto y ella se salió de su casa, y otro día de mañana vino a casa deste testigo y se quexó del dicho Xbal de Soto y un escribano, que no diçe su nombre, yendo con este testigo le refirió muchas cosas de tratar y conversar Xbal de Soto con mujeres casadas, y le dijo que aquella noche se pensaba ver con çierta muger casada, porque ella estaba muy galana y esperándole, y por venir aquella noche su marido, se quedó el conçierto. Preguntado so cargo de jurameno dijo que le escribano era Macarro de Velasco.

4-     Haberse ausentado de la villa sin licencia

Se ha ido a Madrid y a Valladolid y ha dejado a Alonso Hernández por teniente”. “Estaría en la corte tres semanas y fue a un negoçio que tenía con un fulano Ochoa? Y así se lo dijo a este testigo y al principal negoçio que fue, fue a lo de las tierras desta villa”                                                                                                                           “unas veçes a Benabente y a Villalpando y otras a caza, y una vez a Madrid”

Hay otros testimonios favorables o de los que no se deducen cargos

“ha visitado la carniçería y los pesos y medidas acudía con cuidado a las cosas que eran de gobierno y república”

 “ha vesitado todos los mesones y el espital de San Juan y el de la Cruz para ver si en ellos hay vagabundos o gentes de rruín trato”

“ha visitado los lugares y a renovar los mojones y que quando está yndispuesto embía persona en su lugar”

“Lo tiene por buen cristiano”

“En contra de la costumbre que se tiene en esta villa, ha hecho que los escribanos no asienten las rrebeldías ni hagan audiençia con los dichos alcaldes si no es lunes, miercóles e viernes”

“dice que Luis de Castro, reçeptor de las penas de cámara, se ha agraviado ante este tº que, siendo él reçeptor, no le llaman cuando se asientan las penas en el libro ny le acuden con el dinero que de ellas cae.”

“Ha proçedido en Revellinos contra çierto rrepartimiento que habían hecho”

“Una vez vio que, llegando a la plaza e puerta de la cárçel, trató mal de palabra a Alonso de Santa Cruz, diçiendole sois un puerco y un asno yos de ay ..., y era regidor de esta villa ... que habrá çinco años”

“A las audiençias ba tarde porque lo a visto"

Parece que algunos vecinos que habían formado parte del que llamamos anteriormente partido del marqués, como Juan de Villagómez hidalgo de 40 años, que llegó a ser su teniente en el primer mandato, se muestra ya receloso, y testifica en  su contra:

“Visitando al carniçero y abaçero les ha tratado muy mal de palabra, tratándoles de bellacos ... y que soltándose Frco González de la cárçel, que estaba preso sobre el alcançe que se le hizo de la mayordomía del marqués, dixo que todos los rregidores que eran muy rruin gente, que si ellos fueran los que habían de ser, no habían de tener aquel carçelero… e que sabe que es muy soberbio que sin eçeptuar a nadie, a todos diçe lo que quiere y que rreplicándole este testigo, que era alcalde el año pasado cuando esto acaeçió le dijo: si a vuestra merçed le echara unos grillos o le tuviera con prisiones no se fuera,  y a esto le dixo también: bos deçís neçedades como el procurador, siendo este tº alcalde ordinario por los hijosdalgo…

Una vez vio que, vieniendo a esta villa un reçeptor del adelantamiento a haçer çierta informaçión, dio una bara a Gaspar Drago para llamar a çiertos testigos, y el corregidor dixo: qué bara es esa que traéis, dónde bais con ella;                                    y trató de quitársela y fue al mesón donde estaba para ver si traía comisión o no”

Los cargos se los notifican a Cistóbal el día 24 de diciembre y responde el 28:

1-     Nunca por tener más amistad con unos que con otros dejé de ejercer mi oficio ni tenido parcialidad con ninguno

2-     Siendo como son labradores y que solo en este ministerio se ocupan y emplean, cosa es muy dificultosa e imposible el poder hacer que estén limpias las calles y dejen de estar los silos abiertos, porque de lo contrario se seguiría a esta villa y particulares notable daño y perjuiçio ... porque, siendo como es este lugar muy lodoso y no teniendo las calles empedradas, cosa es que no pueda dejar de aver lodo

3-     He jugado algunas veçes y siempre en moderada cantidad y juegos livianos como son chilindrón y quínolas, y nunca resultó mal ejemplo ni escándalo

4-     Yo soy buen cristiano temeroso de Dios y de mi conçiencia ... de ello no puede haber probanza que sufiçiente sea ni los testigos pudieron deçir cosa alguna.

5-     Me fui a la corte a ruego de los veçinos y regimiento de esta villa  y siempre dejé teniente.



El fallo del juez de residencia es el siguiente:

Vista la residençia y pesquisa secreta que, por comisión del Ilmo Sr Marqués de Távara mi señor, se ha tomado en esta villa de Villafáfila contra Xptbal de Aguilar Soto, corregidor que fue de ella desde el mes de agosto pasado del año ochenta y dos hasta dos de diçiembre de ochenta y cuatro, de los cargos que se le hiçieron, y lo por él en su defensa alegado, e lo que más verse convino:

Fallo en cuanto al primer cargo [Amistad] declaro no se haber descargado y ser libre de pena; en cuanto al quinto [Ausencias] lo debo de condenar y condeno en quinientos mrs aplicados para la cámara de su señoría; en cuanto al segundo cargo [Calles y silos] le condeno en 400 mrs para la cámara; en cuanto al tercer cargo [Juego]en 600 mrs; en cuanto al cuarto cargo [Mujeres casadas] lo absuelvo y doy por libre  y declaro por buen juez de quien su señoría ilustrísima se puede servir en semejantes ofiçios.

A 31 de diciembre.



Con esta sentencia tan favorable el corregidor salía airoso de sus cargos y podía seguir ejerciendo como tal.

Hernando Borregán, regidor ese año por los hidalgos, se presenta como acusador en la residencia pública. El juez de residencia en un intento de amedrentarle, le pide que dé fianzas de que, si no probare los cargos que le hace a Cistóbal de Aguilar como delator, que pagará la pena en que fuese condenado, pidiéndolo la parte contraria.

El 19 de diciembre presenta 20 capítulos de acusación, algunos coincidentes con los presentados en la pesquisa secreta:

1-     No ha administrado justicia ni guardado las leyes del reino “que ensoberbeçido con la bara y como un hombre que pensaba no tener superior ni deber dar quenta, dio un bofetón a un çerrajero llamado Rosón”.

2-     Que dio de palos a Pedro Cabezón, barbero.

3-     A Rodrigo de Cuéllar, “estando preso y habiendo traído mandamiento del alcalde mayor del adelantamiento para que le bolbiese çiertos dineros, le detubo forçablemente hasta que se los perdonó”.

4-     Que prendió a un hidalgo llamado Rodrigo de Robles y le desafió poniendo la mano a la espada, y “lo peor de todo que dixo que, si no fuera aquel su ofiçio que administraba de justicia, que le hiçiera y acometiera”.

5-     Ha sido público infamador de mujeres.



6-     A una mujer honrada de buena fama y casada le pidió su persona y, porque no quiso venir en ello, le amenazó que la había echar a perder y que había de deçir que estaba preñada de él y de hecho le hizo mucho mal y la infamó de esta manera y es público y notorio.

7-     Impidiendo recurrir ante la jurisdicción real, “cuando alguno apelaba de sus sentençias después de condenado y, apelando, le hechaba prisiones y se las agrava hasta hacerle consentir y pagar”.

8-     Que es enemigo de pobres y se muestra riguroso contra ellos “porque, sin ser labradores y siendo notoriamente pobres, les condenó porque panadearon, llevandoles a muchos veçinos de esta villa más de dosçientos ducados contra el tenor de la premática real, que solo prohíbe que labrador y hacendado que no lo ha tenido por trato no lo haga”.

9-     Haber sido parcial con Inés García, panadera, que resultó igualmente culpada que las otras panaderas y no la condenó y sí condenó a las otras.

10- A Luis de Barrio, alcalde hijodalgo, de igual en la jurisdicción, le denostó y dijo que no daba por él dos cagajones.

11- No prender a Pedro Franco, sastre, ni hace justiçia contra él por tenerle por fiscal, malsín y alguaçil y por testigo en sus cosas, y disimula la justiçia porque se sirve de él y le hace de vestir graçiosamente.

12-  A Juan Rodríguez y Rodrigo de Cuéllar, porque no pagaron dentro de las 24 horas una condena, les cobró la décima y costas y le tomó la obligaçión de la mano por encubrir su delito, esto es fuerza y violençia y opresión.

13- Que habiendo apareçido una vaca agena perdida en el término de Quintos, la mató en su casa sin esperar un año y haçer las diligencias neçesarias.

14- No traer vara en menosprecio de la justicia que administra y los forasteros no lo conocen.

15- Fue notorio que habían ahogado a una hija de Pedro Alonso, que apareció ahogada en un pozo y no hizo diligencias contra los sospechosos y se fueron del lugar y tuvieron tiempo para vender su hacienda y casas, disimulando por algo que se presumen que le dieron.

16- Siendo igual en jurisdiçión el alcalde ordinario Alonso de Valle y queriendo embargar y trabar ejecuçión en unas costas, desacatadamente y en menospreçio de la justiçia, le dijo que trabase la dicha ejecuçión de un galgo”.

17- Sin poder hacer ausencia ni llevar salario fue a la corte y llevo salario de doce reales por día y se ocupó un mes sin haber en qué.

18- Dio un bofetón a una moza llamada Catalina, criada de Rodriguez, tendero, en su casa del corregidor, porque no quiso venir con él en lo que él quería.

19- Que habiendo enviado su asesor muchas sentencias firmadas, él las borraba y añadía a unas y quitaba a otras salvándolo entre renglones.

20- Que estando sentenciado un tal Zamora por ladrón en destierro preciso y ciertos maravedíes, borró la sentencia del asesor y puso destierro voluntario y le solttó libremente.

Por lo que pide que sea condenado y que no pueda ejercer de juez en adelante.

El juez de residencia, que no olvidemos era nombrado por el marqués y seguramente conocía a Cristóbal, vio los capítulos presentados por Hernando Borregán y mandó borrar algunos en un alarde de parcialidad:

para evitar mayores daños e lo que se puede seguir de la probanza que se oviere de hacer çerca de los capítulos que comiençan:

-yten que el dicho corregidor ha sido público infamador de mujeres;

 -yten que una mujer honrada …, que son el quinto y el sexto se tilden y borren y así lo proveyó y mandó.



El corregidor dice que los capítulos que ha puesto Borregán, como regidor y uno del pueblo, “no son capítulos, mas un libelo ynfamatorio y pide al juez que lo prenda hasta que dé fianzas que exçedan de dos mil ducados, atento a que lo en ellos contenido es grave, enorme y feo de lo qual todo estoy ynmune y libre y lo pone con ánimo dañino y vengativo”

Debían de estar los ánimos en el pueblo muy alteradosor y para evitar los daños que se pudiesen seguir de un posible encontronazo, el juez les puso treguas entre ambos por espacio de un mes para evitar agresiones:

 que no se atrabiesen el uno con el otro por sy ni de ynterpósitas personas, so pena de dos mil ducados y tenga desde luego cada uno por cárçel su casa y que de ella no salgan en sus pies ni en ajenos hasta dar fianzas”

Como fiadores de Borregán comparecen ante el juez, Luis de Barrio, alcalde, Francisco de Barrio, Rodrigo de Robles y Antonio Martínez,  y dijeron que recibían en fiado, preso y encarcelado a Hernando de Borregán, acerca de las treguas puestas entre él y el dicho corregidor. Se comprometen a que no se atraviesen, como sus fiadores y que pagarán si lo contraviene.

Las fianzas del corregidor las dio Alonso Hernández Monroy, labrador rico al que había dejado algunas veces como teniente.

Una segundas fianzas a propósito de los capítulos de la acusación, también de otros 2.000 ducados, que el juez de residencia había impuesto a Borregan para seguir adelante con el proceso, las dan los mismos: Luis de Barrio Marbán, Francisco de Barrio, Rodrigo de Robles y Juan Navarro. Por lo que creo que actuaba el denunciante como portavoz de un amplio grupo de vecinos contrarios al corregidor, entre lo qe se contaban muchos de los hidalgos que al principio de su llegada a la villa le apoyaron.

Las respuestas a los capítulos dadas por Cristóbal Aguilar tratan de descalificar al denunciante y rebatir los cargos:

Que no debe admitirlos, porque es perjuro, según un proçeso que pasó ante Melchor Maçías por denunçia de Alº de Santa Cruz contra el pastor de Hernando de Caramazana, arcipreste.

Al 1º: No debe admitir el primer capítulo de Borregán porque  hay pedimiento y querella puesta por el çerrajero

2- lo niego

3- lo niego

4- Sobre deçir que hice amenazas a Rodrigo de Robles, cuñado de Borregán, es falso, porque ambos, dándose favor y ayuda, hiçieron çiertos desacatos contra mí y Alonso de Colinas, mi alguaçil, y les hice proçeso y fueron culpados y fue haçe más de tres años, y ha pasado otra residencia.

5º y 6º no debió admitirlo porque se difaman a personas honradas.

7º a los que apelaban, yo los tenía en la cárcel, y deçir que les agraviaban las prisiones con ánimo de que consintiesen, es presunçión pública.

8º deçir que soy enemigo de pobres solo a Dios se debe remitir, y deçir que he castigado personas desta villa, yo proçedí guardando el orden judiçial.

9º Inés Garçía es panadera pública como lo son la de Montaño, la Sevillana, y la mujer de Fernando de Muélledes de la Fuente, y las otras personas era el trigo de su cosecha.

10º Falso, Luis de Barrio se me desacató siendo superior, sobre un auto que yo proveí e hice proçeso contra él

11º Pº Flanco, por denunçias, se retrajo a la iglesia y no ha salido a parte do yo le pueda prender por estar siempre en sagrado, y le tengo los bienes secuestrados y embargados en Luis de Castro y deçir que me haçe de vestir graçiosamente es falso y tengo cartas de pago, pensando Borregán que soy yo persona de su condiçión de que se quejan personas de esta villa.

12º Niego y me querellaré

13º Todo en mentira. Mandé matar la vaca y deposité el dinero, por si apareçía el dueño, en Fco Glez, mayordomo de su señoría, que dio cargo de ello a Blas de Castro, contador de su señoría, porque los gastos del depósito durante un año ascenderían más que el valor de la vaca.

14 No es necesario que traiga siempre la vara porque soy conoçido por los veçinos y no es lugar de contrataçión.

15º Sobre que no hiçe nada sobre una chica ahogada sobrina de Juan de Melgar, hiçe autos ante Juan Rodríguez de Aguilar, escribano, y no resultó poder proçeder contra persona alguna. El marido se volvió a casar y si se fue de esta villa a Tapioles, fue por deudas más que por delito que hubiera cometido.

16º Y en lo que pasó con Alonso de Valle, alcalde, porque de las palabras que le dije no resulta agravio alguno

17º Sobre que fui a negociar a la corte,  la verdad es que esta villa tiene una corta quenta con su magestad de çierto dinero que syn horden dieron a una compañía, y abiendo ydo otras personas a este negoçio no abían hecho nada y el conçejo me pidió fuese a Madrid con Babilés Manso, y procurase ver en que estaba la falta; y todo el ayuntamiento me pidió lo hiçiese, y viendo lo poco que haçía yo en esta jornada me bine y dejé a Babilés Manso siguiendo a lo que íbamos, entendiendo el rruyn suçeso que había de tener  como tubo. Al contrario que Borregán que es hombre pobre y pretende sacar salarios de esta villa por los caminos que se le manden, que ya llevó 12 reales cada día en un asunto que llevó a la corte

18º niego

19º niego

20º hace más de cuatro años

Me de por libre y quito y condene en las costas a la parte contraria.



Hernando Borregán presenta unos testigos favorables a sus tesis que confirman algunos cargos y otros los evaden. Haré una reseña de algunos testimonios por su curiosidad:

 Respecto a la mujer ahogada en el pozo de su casa:

“fue hallada ahogada en un poçico una hija de Pedro Alonso, vª  desta villa, el corregidor fue a casa del Ldo Castro a ver que diligençias se podían hacer, y luego fue a casa donde estaba la moza ahogada y se informó de si tenía deudos, y tenía un hermano de su madre que se llama Juan de Melgar y le preguntó que si tenía sospechas de alguien”;

 la ahogada era deuda de este testigo y de ahí a pocos días vio casado a Pº Garçía, su marido con Mª Çestero que era la que estaba y vivía con ellos, y oyó deçir que los habían topado besandose e retozando antes que pareçiese ahogada  Mª Alonso”;

 “se deçía que Pedro Garçía trataba muy mal a María Alonso, su mujer, por causa de María Çestero con quien vivía, frontero de este tº, oyó muchas veçes quejarse a la ahogada que su marido la trataba mal y se sospechaba que la habían ahogado entre los dos, y a los pocos días se casaron, luego vendieron las casas en que vivían,”

Sobre los abusos en el ejercicio de la justicia:

 le presentaron un mandamiento del alcalde mayor del Adelantamiento de León para que devolviera a Rodrigo de Cuéllar ocho reales que deçían que eran de costas mal llevados y que le soltase de la prisión que le tenía porque le había mandado echar unos grillos y una cadena

  “estando este tº [Juan Álvarez] y Fco de Caramazana su cuñado, presos sobre si habian dado a en fiado, porque apeló los metió tras la red, y estando presa una Fca de Ledesma, panadera, también la condenó porque apeló y la mandó meter tras la red, estando antes en el portal de la cárçel y la tuvo hasta que consintió la sentencia y depositó la condenaçión”;

lo tuvo preso [a Rodrigo de Cuéllar]en la cárçel y se quejó y trajo mandamiento del Aalcalde Mayor y no obedeçió el primer mandamiento y trajo otro y le devolvió los 8 reales a dicho Xbal porque, como le metió preso por segunda vez, vinieron Andrés de Barrio, clérigo y Luis de Barrio Marbán, que le pagase porque de otra suerte no saldría en ocho días de tras la red, y dio los 8 reales  a Andrés de Barrio para que se los diera a Xbal, y entonçes lo mandó soltar”.

a gente pobre y nesçesitada que no eran labradores les llevó dinero diçiendo que panadeaban, teniéndolo por ofiçio y trato de panaderas  por neçesidad, y las condenó en 500 mrs más costas

este tº estuvo preso por deçir que abía comprado una yegua en trueco  de trigo en el año 81, siendo este tº procurador

a Pedro Franco lo ha visto andar por la villa… oyó deçir que servía de malsín e denunçiador del dicho corregidor”,

Respecto al trato con mujeres:

“con mujeres casadas y solteras hijas de buenos padres, a una casada, visto que no le había aprovechado, oyó deçir que le dijo que juraba a Dios, que había de deçir que estaba preñada de él… se diçe en la plaza públicamente”;

 Yendo esta testigo para la Granja, iba también el corregidor por el mismo camino y se llegó a ella y la solizitó y persuadió, pidiendole su cuerpo e persona, e porque esta testigo no quiso benyr en su ruego e importunaçión, le dixo que había de dezir en Villafáfila y a donde le diese gusto que estaba preñada y cuando esto suçedio era moza e que bibía con Alonso Cascajo en la Granja, habrá que suçedió quatro años y luego se deçía por público que esta testigo estaba preñada, pero no sabe si lo dijo el corregidor o no”;

“que entró en casa de una mujer casada e honrada e haçendada lo oyó a Baltasar de Movilla,  …oyó deçir a mujeres casadas que, habiéndolas conoçido carnalmente y estándolas en obligaçión, era tan ingrato que aún ni siquiera unos botines no las había dado, y a una casada habiéndola envíado a llamar otra casada para que fuese a dormir para con ella, porque su marido estaba ausente, y que estando en la cama llamó el Xbal y abriéndole la mujer, subió y se acostó con ellas y que diçiendola que traiçión es esta, Xbal la habia amenazado y que ella visto esto calló”;

“Entrando dos mozas en casa de dicho corregidor por agua y vio que la otra moza había entrado en una caballeriza y que estando dentro, un negro, criado del marqués, cerró la puerta de la caballeriza, quedando la moza dentro, y después entró Xbal y de ay a buen rato vio salir a la moza ençerrada y el corregidor dijo a este tº que había metido a otra moza en una caballeriza por ver si tenía buenas piernas, e que por no las tener a su gusto la había embíado”  

“preguntado si lo de las casadas fue después de agosto del año ochenta y dos, dijo que fue antes, no sabe que les hiziese fuerza, antes entiende que era con su boluntad y que por entrar en las casas dichas quedaban infamadas”

[Catalina Pérez, 17ª, hija de Alonso Pérez de Revellinos, criada de Rodrigo de Robles, y antes criada de Juan Rodríguez, tendero] “vio entrar una moza en casa de Xbal y él tras ella en la caballeriza, y quedando ella ençerrada, un esclavo del dicho corregidor çerró la puerta y de ahí a una hora la vio salir, ella estaba al pozo con una herrada de agua


Sobre los malos tratamientos a las personas:

“Estando en la plaza tras su mesa vendiendo fruta Xbal riñó con Pº Cabezón sobre que su mujer se iba a quejar al corregidor y le dijo cómo no os quitáis el sombrero y alzó la vara pero esta tº no vio si le dio o no”;

 Estando el corregidor junto a la casa de audiençia en los portales que miran haçia la casa de Catalina de Castro estaba con él Pedro Cabezón barbero, hablándole muy reçio puesto el sombrero el corregidor le dio en el sombrero”;

 “…abiendo reñido este testigo[Pedro Cabezón] con su mujer y abiéndose venido a quexar al corregidor y beniendo este testigo por la calle el propio día, le dixo que por que castigaba a su mujer e la trataba mal, y este testigo le dijo que ella era su mujer y estaba debajo  de su dominio y la podía muy bien castigar, y el corregidor le dixo no la abéis de castigar ny llegar a ella, e alçando un palo que tenía en la mano le dio con él dos palos uno en la cabeza y otro en el hombro y un golpe en el pecho y le ynvió en oramala delante de mucha gente y esto fue en agosto del ochenta y cuatro”;



“estando hablando con una moza en casa de Xbal y teniendo en el suelo una herrada vaçía con que iba a por agua, cuando volvió a mirar no la vio, y estando el corregidor y el pregonero paseando, preguntando esta tº por su herrada e no la hallando, llevó una del pozo del dicho corregidor, y fue una moza en casa de su amo por ella que era del corregidor, le dijo esta testigo la mía no sé quién me la tomó en vuetra casa, y fue a buscarla a su casa para llevarla a la del corregidor Pedro Franco, a quien dio la bara para ello, y le dijo: cómo deçís que yo os tomé la herrada, y esta tº dijo yo no dije si no que había desapareçido, y entonçes a mano abierta le dio un bofetón y le dijo porque se os acuerde” .

“trae bara muy pocas veces y le oyó deçir que por ser ofiçio de Villafáfila no lo tenía en nada”

 Sobre la vaca hallada en la dehesa de Quintos:

 estando este testigo de criado con Fco González, mayordomo, tuvieron notiçia de que en término de Quintos andaba una vaca amarilla, rabona y broquina de los cuernos, anduvo perdida dos meses y la trajo a esta villa para mostrarlla al corregidor y la tasaron Lucas Hdez y Antº Ysendo, vºs de esta villa,  y la mataron y este testigo llevó el cuero a vender a Villalpando”.

fue a negoçios del conçejo y suyos porque oyó decir que llevaba 1.000 ducados para ponerlos a censo, porque este tº le dio algunos escudos en oro y otros se los dieron, como Blas de Castro”.

Soto presentó otros testimonios más favorables para contrarrestar, siendo algunos testigos los mismos que en la acusación:

 “fue muy rogado e importunado por todos los que se hallaron en el regimiento para que fuese a Madrid por saber que tenía deudos y parientes y amigos en la corte, y saber que era persona que lo podía hacer por ser negoçio de tanta importancia, y del regimiento fueron a suplicarlo a doña Leonor de Quiñones, su mujer, lo sabe porque era procurador de la villa a la sazón y fue a Villalpando a alquilar dos caballerías… en la corte se detuvo sólo quinçe o diez y seis días y dijo que no quería cosa alguna porque ni él ni Babilés Manso habían negoçiado cosa ninguna, que era de conçiencia llevar nada y con todo el regimiento le mandó diez reales cada día e a Babilés ocho

 



El fallo del juez de residencia es bastante favorable y lo absuelve de la mayoría de los cargos, algunos por haber sucedido antes de 1582 como el de la mujer casada infamada.

Culpado sobre el abuso con Rodrigo de Cuéllae y condenado en 700 mrs de multa: 300 para la cámara del marqués y 400 para el propio Rodrigo de Cuéllar.

Culpado y multa de 400 mrs para la cámara por no llevar siempre la vara de justicia visible y manda que la traiga siempre.

Culpado de haber menospreciado al alcalde ordinario Alonso de Valle en 400 mrs

Respecto al primer cargo senencia que,como hay una querella contra el corregidor por parte del cerrajero Rosón, lo remite a lo que se pronuncie en esa sentencia.

 

Cristóbal Rosón, herrero se había querellado contra Cristóbal de Aguilar porque le dio “un bofetón e moxicones, estando yo besitando en la cárzel desta villa a Ana Martínez, mi mujer, que a la sazón estaba en la dicha cárzel por me ynjuriar e afrentar, fue para my e me dio muchos moginetes y bofetones en la cabeza e rrostro e de calabazadas a la pared, e dándome muchos empujones me echó por las escaleras y me dixo muchas palabras injuriosas” y pide que sea castigado y que le indemnice con 500 ducados.  Presentó por testigo a Rodrigo de Robles, a Francisco de Barrio, su cuñado, que eran enemigos de Soto, según declara él: “Rodrigo de Robles ha sido mi capital enemigo por haberle hecho proçeso por çiertos desacatos, Francisco de Barrio me tiene odio y mala voluntar por haberle juzgado, esta en prisión en su casa… Rosón es un hombre plebeyo común de baja suerte e menos calidad…  que ha sido induçido por los propios testigos”. Luego Rosón se desdijo y declaró que la querella la presentó por ruego y persuasión de Rodrigo y Francisco, y se apartó de la querella.

Varios vecinos apelaron el fallo del juez de residencia ante la Real Chancillería, entre ellos Hernando Borregán, otro hidalgo que había pertenecido al partido del marqués en nombre del concejo de la villa y se remite el proceso a Valladolid.

 

El ambiente de la villa seguía siendo conflictivo:

La inquina contra Soto de Francisco de Barrio, otro hidalgo renegado el bando del marqués contra el que el alguacil del corregidor, Alonso de Colinas había hecho denuncia por ciertas palabras que dijo contra su majestad  Alºde Colinas, alguacil mayor de esta villa, a quien yncumbe myrar no aya delitos en la rreppública y que los que hubiere no queden syn punizión y castigo, me querello criminalmente y acuso a Fco del Barrio ...con cólera endiablada y enojo terrible, estando con algunas personas tratando sobre algunas cosas tocantes a su majestad rreal del rrey don Felipe, nuestro señor, dixo muchas palabras torpes y feas contra su magestad en espezial dixo ... el medre y pocos años se goze ...dio a entender qe si pudiera vengarse executaría su diabólico enejo de las quales palabras hubo grandisimo escándalo”





Contra Rodrigo de Robles y Hernando Borregán había abierto un proceso el corregidor  sobre haber tratado mal de palabra a Alº de Colinas alguacil. Y dijeron al corregidor muchas palabras feas e injuriosas en julio de 1581:

Hernando Borregán y Rodrigo de Robles trataron mal de palabra a Alonso de Colinas en çierta pendençia que tuvieron Luis de Barrio Marbán y Rodrigo de Robles, y se fueron de la cárçel. Hernando de Borregán dijo que no era para prenderlo, motejandole de borracho y tuvo malas palabras con el corregidor, diciendo: quien tenía cuidado andaría el camino... y el corregidor mandó echar una cadena a Robles, que le dijo que no se daba dos maravedíes que por cosas de más importancia había estado preso... el corregidor dijo  que tuviesen respeto a la justiçia del marqués que era su criado, y Borregán dijo que no era criado del marqués ni lo había sido, solo su vasallo,  que era criado del rey ... que si viviera en Villafáfila como él y sus pasados que le conoziera, dándole a entender que era por lo despreçiar imaxinando que no era hidalgo, más de ser corregidor, y tras de la red decían muchas palabras de desacato dando con unos palos que tenían en los tablados de la cárçel

 

Parece que después de este juicio de residencia, el marqués lo destinó a otro lugar, pues en 1586 encontramos de corregidor a Luis de Ocampo Guizal. Pero Soto, que tan bien había defendido los intereses de su señor, aunque fuera creando conflictos con los vecinos, vuelve a ejercer el cargo de corregidor otros diez años, pues lo encontramos ejeciendo en julio de 1588, octubre de1590, 1594, y 1597-98.

Este año en septiembre había llegado nuevo juez de residencia a la villa para tomársela al corregidor, cuando llegó la noticia de la muerte del monarca Felipe II, y Soto manda que los vecinos guarden luto por el rey:



"Domingo por la mañana al amanecer trece de Setiembre de 1598 años Murió La Cathólica Real Magt. el Rey Don Phelippe 2º, nrº Sr, vino la nueva a esta vª  el viernes adelante, hizose doblar en todas las iglesias a mañana y mediodía y a boca de noche tres días, mandó el corregidor Soto que todos pusiesen luto cada uno según su qualidad, y las mujeres tocas negras, y las q^ no pudiesen tanto pusieran unos trapillos negros sobre los tocados, y los hombres a lo menos quitados los cordones de los sombreros__

  El regimº y el corrºr y el juez q^ vino a azer residencia en este tiempo antes mandaron de hazer las honras y tomar de propios de la villa 2000 mr. cada uno, conforme a la ley para ayuda de lutos. // El obº Don Fray Antº de Cáceres escribió al Arcipreste Hernando de Caramaçana y a todos los arciprestes que avisasen a los curas de sus arciprestazgos que cada uno hiciese honras por el rey lo mejor q^ pudiesen.

  El cabildo desta villa le pareció que era mejor hacerlas juntas con las de la villa y ansí se hicieron, fue el concierto q^ la villa pusiese la cera y velas q^ dio a los clérigos y hiciese el bulto, y  q^ diese al cabildo por todos los oficios que fueron tres nocturnos, un domingo a la tarde y nocturno y laudes y misa oficiada ese otro día por la mañana, no más q^ quatro ducados y que el cabildo se contentase con ellos // y dijesen todos los clérigos missa rezada de balde y ansí se hizo, salieron de las casas del ayuntamiento, hiciéronse en nª Srª  la ofrenda, puso la villa dos quartales de tº,  dos carneros y mº cántaro de vino, a veinte reales por la dicha ofrenda y por la misa cantada, concertáronse en esta vaxica q^ dica Antº Garcia cura de Nª Srª”.

Desde 1599 ya no vuelve a ejercer como corregidor de Villafáfila, pero se avecinda en la villa, donde en 1605 es feligrés de la parroquia de San Martín, donde compra una sepultura en 1614 para enterrarse. Fallece en 1615, dejando una manda de 30.000 mrs para misas.

Conocemos dos hijos legítimos Diego de Soto y Quiñones, vecino de Medina de Rioseco. En 1611 se bautiza en San Juan un hijo de Diego de Soto e Isabel Puerta, nosabemos si estaba de paso en la villa o estaría con su padre.

Una hija, Inés de los Ríos, que se casó con un hidalgo de Villafáfila, viudo residente en Catrogonzalo, Fernando de Movilla Maldonado. Parece que se habían casado en 1615, poco antes de morir Cristóbal, llevando en dote “más de quatro mil ducados en bienes muebles y rraizes, ajuares, dineros y otros bienes”, entre otros una huerta, una viña y un palomar en Villafáfila y unas tierras que rentaban 14 cargas anuales de pan, en San Agustín que había comprado Cristóbal a Diego de Collantes por 150.000 mrs. En1625 Fernando difunto, un hijo de anterior matrimonio, Baltasar de Movilla.

Posiblemente tuvo otros descendientes, no sé si legítimos, en Villafáfila, pues en 1621 se casa en San Juan un Cristóbal de Soto con María Rodríguez, que vive en San Martín en 1522, que bautizan varios hijos en San Juan, San Salvador y San Pedro entre 1626 y 1640, y fallece y es enterrado en esta última parroquia en 1651, dejando 300 reales para misas.