Los canónigos don Pablo y don Serapio

Entre los recuerdos de infancia conservo la imagen de dos curas con sotana y sombrero que a mediados de los sesenta del siglo pasado venían a pasar los veranos a Villafáfila, y los niños acudíamos corriendo a besarles el anillo.
Decían misa en el altar de Las Angustias, yo creo que todavía en latín, y a los monaguillos que les ayudábamos nos daban una propina, a mayores de la paga semanal del párroco, don Camilo, por lo que lo hacíamos encantados.

Se trataba de dos canónigos, naturales del pueblo, uno alto y serio, don Serapio, y otro más bajo y regordete, don Pablo.

Hoy, a propósito de unas fotos que me ha facilitado José Luis Domínguez, procedentes de un sobrino de don Serapio,  Maxi Orduña Zamorano, hago un pequeño bosquejo biográfico para mantener su memoria, que espero sea ampliado con aportaciones o  fotografías de sus familiares.

Villafáfila, a diferencia de Villarrín, no ha sido un pueblo de muchos clérigos, pero en los años veinte del siglo pasado hubo varios jóvenes que profesaron el sacerdocio diocesano, además de algunos otros que ingresaron en diferentes congregaciones de frailes.
Por hacer un breve recuerdo mencionaré a los padres claretianos Benjamín Carballo Zamorano 1897, que sufrió el asalto al colegio en Jaén en 1936, en el que resultó herido y fue encarcelado; al que llegué a conocer de viejo en el colegio Corazón de María de Zamora;
 o Esteban Gómez Gutiérrez, 1898, hermano de Gabino;



 o Agustín Tejedor Díez 1904, ordenado en 1929; o su hermano José Tejedor Díez, 1912, sacerdote jesuita.

En esas primeras décadas del siglo XX la Iglesia había recuperado parte del prestigio social perdido en el siglo anterior, y muchos jóvenes con capacidades, bien por vocación o bien por falta de recursos  para realizar estudios ingresaban en los seminarios.

En el de Astorga lo hicieron los cuatro jóvenes de las fotos, todos ellos coetáneos, que después de ordenarse siguieron diversos caminos.


Las fotos están realizadas en Villafáfila a principios de la década de los 20, posiblemente en una visita que hicieron al pueblo los cuatro jóvenes seminaristas vestidos de paisano.
En  esta están solos, delante de un pabellón de los que usaban los fotógrafos para decorar, de pie a la derecha don Serapio Orduña; sentado a la derecha don Pablo Rodríguez; de pie a la izquierda don Manuel Montero (casi seguro); y sentado un joven no identificado.

En la siguiente vemos a los mismos jóvenes de pie, (el sombrero de don Serapio es el mismo de la otra foto) y a cuatro clérigos sentados, a los que no he identificado, que pueden ser profesores del seminario o clérigos de Villafáfila,
Posiblemente, según Maxi, en la huerta del padre de don Serapio






Don Pablo Rodríguez Miranda nació en 1900 en Villafáfila, posiblemente en la casa de sus abuelos, y fue bautizado en Santa María; era el hijo mayor del matrimonio del abogado Maximiliano Rodríguez Morilla y de Amparo Miranda Calzada. Todos sus hermanos nacieron en Otero de donde era su madre, perteneciente a una familia de labradores ricos. Le pusieron el nombre de su abuelo paterno, don Pablo Rodríguez, secretario de Villafáfila durante muchos años.
Inició sus estudios en el seminario diocesano de Astorga, donde se ordenó sacerdote en 1924.


El padrino eclesiástico era primo de su madre y cura de Fríera de Valverde, los padrinos de honor fueron sus primos Leonides y Felipe Calzada Rando. No sé quien sería el predicador.

Fue nombrado profesor del colegio diocesano de San Francisco de Astorga ya en 1924, cuando actúa de padrino de su colega Manuel Montero
En 1928 ya era profesor del seminario de Astorga. Colabora en la revista Luz de Astorga
Durante la guerra, como en el Seminario no sobraban los alimentos, y en su casa familiar no faltaba la comida se traslado a Villafáfila. Para que no le faltaran ingresos su hermano Gerardo que era teniente de alcalde propuso su contratación como predicador de la Semana Santa de 1937 con la gratificación de 500 pesetas
En los años 50 sacó por oposición  una canonjía en la catedral de Granada y allá se trasladó a vivir.
Llevó a nuestra paisana Valentina Marcos Gallego como ama de cura, a la que dejó por heredera.
Visitaba los veranos a su familia de Villafáfila alojándose en una casa que tenía en la calle del Carmen, cerca de la de don Serapio.



Don Serapio Orduña Suena nació en 1900 en la casa familiar de la calle del Carmen y fue bautizado en San Martín. Hijo de Maximiano Orduña Gutiérrez, labrador, y Eladia Suena Orduña, de Otero.
Estudió en el seminario de Astorga y se ordenó sacerdote un año más tarde que su paisano.


























Eligió como padrino eclesiástico al cura de Villafáfila, don José Mayo, y padrinos seglares  a una parienta de su madre y su sobrino. Tampoco conozco al padre mercedario que actuó de predicador, seguramente un paisano.



Pasó a la diócesis de Zamora, donde consiguió una canonjía. Arcipreste de la catedral.
Fue profesor del seminario de Zamora, y en el colegio Amor de Dios y en el Noviciado, censor eclesiástico de la diócesis, entre otras obras que revisó fue la famosa enciclopedia Álvarez en 1952.



Se integró en la sociedad zamorana de los años cincuenta y sesenta disfrutando de la amistad de influyentes familias.

Noticia de ABC 19/09/1971

Don Serapio con alumnas del Amor de Dios años cincuenta

Todos los veranos acudía con sus hermanas, con las que vivía en Zamora, a la casa que conservaban en Villafáfila a pasar las vacaciones, disfrutando de la huerta que tenía en la calle Nueva.

Curiosa foto de don Serapio y sus hermanas en la huerta de la calle Nueva



Don Serapio y otro cura visitan las obras de los Saltos del Esla en 1934



Otro de los jóvenes curas de las fotos muy probablemente es Don Manuel Montero Montero, que nació en 1899, fue bautizado en Santa María, pues la parroquia de San Salvador había sido suprimida tres años antes, hijo de Sandalio Montero García  y Francisca Montero del Teso, familia de labradores.
Estudió en el seminario de Astorga y fue ordenado en 1924, celebró la primera misa en Villafáfila la víspera de la Purísima, actuando como padrino eclesiástico el cura, don José Mayo, y como seglares, llevó a su tío don Bruno Montero, médico de Melgar de Abajo, en Valladolid, ya a su tío Honorino, hermano de su madre, y a su tía Eustasia, hermana de su padre.
El predicador del acto fue don Pablo, recién ordenado unos meses antes, seguramente serían buenos amigos





ejerció de párroco en el Bierzo, donde se hallaba cuando estalló la guerra civil, pasando a la capital diocesana disfrazado de labriego.

Posteriormente fue nombrado párroco de Villanueva del Valrrojo, donde acabó sus días muy querido de sus feligreses.

Cuando el obispo visitaba la villa o en el cambio de párroco, con la llegada de don Camilo Pérez, Bragado, en sustitución de don Francisco Lera los canónigos acudían al pueblo para participar en las celebraciones.
Don Pablo a la izquierda del obispo y don Serapio a la derecha

Don Manuel Montero a la derecha del prelado, don Serapio en segundo plano
 y don Pablo a la izquierda.





Un joven Don Camilo recién llegado a Villafáfila en 1956 con don Pablo y don Serapio a su derecha


La biblioteca de don Agustín Rueda, boticario de Villafáfila




Cuando yo tenía unos 14 años, mi vecino Pedro Escudero Rueda (1893-1977), Perico, el Estanquero, un personaje que merecerá un estudio aparte, me dio unos libros viejos cuando se trasladó a una residencia en Salamanca, después de quedar viudo.

Además de varios libros de principios del siglo XX con los que él había realizado sus estudios de Topografía, entre ellos se encontraban otros libros más antiguos de diversas materias procedentes de la biblioteca de su abuelo materno.



Se trata de don Agustín Rueda Samaniego,  boticario que fue de Villafáfila a mediados del siglo XIX.
Sabemos de su afición a los libros desde antiguo, pues cuando vivía en Valladolid como profesor de Farmacia en 1828 era suscriptor de la Historia de España en 9 tomos, que no se encuentra entre los libros conservados.









Considerando que los libros conservados son una pequeña parte de la biblioteca de don Agustín y
su esposa después de los repartos entre sus herederos, su relación nos permite una aproximación a las lecturas de una familia acomodada en un pueblo zamorano en el siglos XIX.


1 Libros científicos, procedentes probablemente de sus estudios de la universidad:

-Farmacopea Hispánica 1 tomo 1794


-Elementos de Química aplicados a la Farmacia de Pedro Orfila 2 tomos 1818


-Obras completas de Bufón 1 tomo 1841


2 Libros de enseñanzas medias que utilizaría su hijo:

-Diccionario de Francés-Español 1830


-Lecciones de Latín 1840

-Filosofía 1852



-Literatura 1857




3 Libros de temática religiosa, son los más abundantes, algunos serían de su esposa y otros se diversas procedencias:


-Sermones Panegíricos 1798
-Oficios de Semana Santa 1853
-Historia del Antiguo y Nuevo Testamento 1855
-Año Cristiano 1856


-Breviario Mariano del P. Claret 1859


-Catecismo 1864

4 Libros de entretenimiento:



-Corina o La Italia  1818
-Cartas a Sofía 1819
-Museo de las Familias varios tomos entre 1846 y 1857. Se trata de una revista anual de viajes, curiosidades, historia, etc, 





5 Un libro antiguo, se trata de Filosofía Moral editado en Lisboa en 1682 



y adquirido en Zamora:




Don Agustín había nacido en Toro en 1800, era hijo de don Félix Rueda y de doña Tomasa Samaniego, ejerce de farmaceútico en Benavente, en 1839 presta dinero a diversas personas "para remedio de sus urgencias y necesidades" con interés, y se le cita como vecino y regente de una de las boticas de Benavente, casado con María Vicente González, con la que no tiene hijos, que le da poder ese año "para que administre, rija y gobierne sus bienes".

Se traslada a vivir a Villafáfila antes de 1843, posiblemente para hacerse cargo de la botica del antiguo monje exclaustrado de Moreruela, fray Manuel Ledo, que falleció en 1841 y en 1836 había trasladado la botica monástica a Villafáfila.

En 1844 se casa en la iglesia de San Martín  con  Josefa , natural de Castroverde e hija de José Fernández, natural de Losilla, y Alfonsa Fernández Mostaza, de Castroverde.

Antes de casarse ya habían convivido varios años pues en 1843 figura la defunción de Félix Rueda Rodríguez en San Martín a los 10 meses y  era hijo de viudo y soltera, por lo que ese año ya vivían en Villafáfila. Anteriormente ya habían tenido más hijos, pues en 1856 se casa Petra Rueda Rodríguez, que no está bautizada en Villafáfila, creo que había lo había sido en Santovenia, y habría nacido por lo menos antes de 1841; con don Juan de La Puente  Enríquez, de Toro, veterinario. Vivieron en el Corrillo y tuvieron muchos hijos.


El mismo años de la boda nace Darío.
En 1845 Calixta 
En 1847 se bautiza Rafaela, que se metió monja en un monasterio de Segovia.
En 1849 nace Perfecto que muere a los 11 meses
En 1851 se bautiza en San Martín Nicanora Rueda Rodríguez,
En 1852 se bautiza Wenceslada Paulina, 
En 1855 nace Federico que muere con 1 año.

El domicilio familiar y seguramente la botica estaba en la Plaza de la Constitución nº 1, actual Plaza del Reloj, junto al ayuntamiento (en la casa de los hermanos Benayas).

Con 15 años se casa en 1860 Calixta con Prudencio Jimenéz Escaja, comerciante de Villafáfila. Creo que se trasladan a vivir a Bretó o Santovenia.





Darío inicia estudios, primero en Villafáfila, con el maestro
don Isidro Zamorano, y posteriormente fuera de la villa.



Cuando va a entrar en quinta, su padre junto con el maestro don Isidro, Valentín Durantes, Estanislao Gutiérrez y Francisco Mateos, firman una obligación mancomunada de compromiso de pagar entre todos la redención en metálico en caso de que alguno de sus hijos saliera en el sorteo por soldado (era una costumbre en el siglo XIX y principios del XX que consistía en poder pagar en metálico o poner un sustituto para evitar ir al servicio militar si le caía la "suerte" en el sorteo de quintos).
Pero Darío muere en 1865 antes de cumplir lo 22 años, lo que conllevaría un gran abatimiento familiar.

En 1868 muere don Agustín Rueda con 68 años, deja mandadas 200 misas por su alma.

En 1869 Nicanora  se casa antes de cumplir 18 años  con Nicolás Pérez Luna, de Villalpando, hijo de José y Francisca. Dos de sus hijos son bautizados en Villafáfila: Darío en 1869 y Eudoxia en 1877. Posteriormente se trasladan a vivir a Vidayanes.
Nicolás es el encargado de vender la farmacia como se deduce del anuncio puesto en la revista de la Farmacia Española en diciembre del 69.


 En 1873 Paulina se casa con Pedro Escudero Ballesteros, de Mombuey, regentan un comercio en Villafáfila en la Plaza Mayor, tienen siete hijas Maura, 1874, Emiliana 1876, Leonarda Severa 1878, Amalia 1882, Clara 1887, Irene 1889, Escolástica 1892  y un hijo varón, Pedro, mi vecino.






En 1880 Josefa Rodríguez Fernández, que había disfrutado de una buena herencia de su marido, viendose mayor, y probablemente para seguir manteniendo su nivel de vida acomodado, vende una josa a Felipe Santiago cercada de tapia con viñedo y árboles frutales de muchas clases de 11 fanegas con una casa y bodega con su lagar de viga, palomar y pozo titulada La Calderona, que limita al norte con camino del Espino, este con tierra del Felipe Santiago, sur tierra y bodega de  Benita Zamorano, y al oeste con  camino de las Viñas de Arriba y Tejar de Marcelino Trabadillo. Declara que la posee por herencia de su madre, Alfonsa Fernández Mostaza y la otra mitad por pago de sus haberes a la defunción de su marido don Agustín Rueda Samaniego. el precio es de 10.000 pts (considerable cantidad). Se trata de la conocida como Josa del Boticario.

También vende al Ayuntamiento una panera que posee de los haberes de la herencia de su esposo don Agustín:
 “sabedor el ayuntamiento que el edificio escuela de primera enseñanza de niños carece de buenas luces y algunas condiciones y que todas ellas pueden lograrse comprando a doña Josefa una parte de la panera que de su casa linda con la escuela, acordaron en sesión ordinaria de 9_XI-1879 comprarsela.


En 1884 muere Josefa Rodríguez a los 68 años.



Algunos papeles referentes a Otero de Sariegos en el Archivo Ducal de Frías

Intentando buscar datos para ampliar la historia de Otero de Sariegos ( publicada hace un tiempo en villafafila.net) encontré algunas referencias a documentación en el portal  de Archivos españoles del Ministerio de Cultura,  PARES.

Se trata de un inventario de documentación antigua referente al señorío de Villalpando, cuyos originales no he localizado.
Sabíamos que Otero de Sariegos en la Edad Moderna pertenecía al estado de los Condestables de Castilla, como Villalpando y su tierra, aunque diferenciado de ésta. Lo que no constaba era la forma de integración de Otero en este patrimonio nobiliario que acabó como otros muchos lugares, entre ellos Villarrín de Campos,  integrados en el Archivo Ducal de Frías
Escudo de la casa ducal de Frías

En la Edad Media Otero se integraba en el territorio de Lampreana y posteriormente en el alfoz de Villafáfila. Lo sabemos porque en 1178 cuando el monasterio de Gradefes recibe una donación de Pedro Ordoñez y Elvira Juánez de bienes en Otero, se menciona in alfoz de Villafáfila.

Antes de 1229, cuando ésta es donada definitivamente a la Orden de Santiago, Otero ya debía de haberse desmembrado de su jurisdicción y pertenecería seguramente, por donación real, a algún noble que iría repartiendo entre sus descendientes las propiedades. No tenemos documentación de ello, hasta que a principios del siglo XV María de Solier, señora de Villalpando compró de diferentes propietarios particulares en los que habrían recaído la propiedad de Otero después de sucesiones y herencias.


María de Solier era hija de Arnao de Solier, noble francés que recibió la villa de Villalpando por donación de Enrique II en 1369 como recompensa a la ayuda que le prestó, junto con otros nobles franceses, en la larga guerra civil que mantuvo contra su hermano Pedro I, el Cruel, al que mató en Montiel. Posteriormente su hija recibió la confirmación de la misma y se casó con don Juan Fernández de Velasco, conde de Haro.

 Durante su vida compraron vasallos y haciendas en Villanueva del Campo, entre otros a Juan Marbán, vecino de Villafáfila y sus hermanos, hidalgos, que los poseerían por herencia familiar. 



Después de enviudar, doña María siguió comprando bienes y jurisdicciones para ampliar su patrimonio:

- 12 de septiembre de1420 Juan Rodríguez de Neyra[2], vecino de Zamora, vende a Alfonso Fernández de Bastas, vecino y procurador del concejo de Villalpando “todos los vasallos, suelos poblados y por poblar, con la justicia civil y criminal, jurisdicción alta y baja, tierras, prados, pastos, montes, aguas y todas las cabañas de hacer sal, con todo lo demás que le pertenecía en el lugar de Otero de Seriego, por precio de 18.000 mrs de dos blancas”.
Ratificación el día 24 ante el mismo escribano, Juan Fernández, y declaración del comprador de que la cantidad que había satisfecho por la referida venta era de la señora doña María de Solier, viuda de Juan de Velasco, y que esta compra era para ella y no para el dicho concejo.



- 24 de septiembre de 1420 Diego Rodríguez de Valdés y su mujer Aldonza Ruiz a favor de doña María de Solier de todos los vasallos, suelos poblados y por poblar, con la jurisdicción y justicia civil y criminal, con todos los prados, términos, exidos, riveras, montes, aguas, y cabañas de hacer sal, con todo lo demás que le pertenecía en el lugar de Otero de Seriego y Villafáfila por precio de 12.000 mrs, ante el mismo escribano.
Estas escrituras están en el mismo pergamino.






- 31 de diciembre de 1425 Fernando Fernández, clérigo de San Pedro y Diego Rodríguez de Valdés, como testamentarios de Pedro Rodríguez de Carvajal y Leonor González, su mujer, venden a doña María Solier, señora de Villalpando, toda la heredad de pan llevar y un suelo que habían dejado en el lugar de Otero de Seriego por precio de 375 mrs. En Villafáfila ante Juan Sánchez, escribano y notario público de Villafáfila.



- 10 de diciembre de 1427 Álvaro Fernández, vecino de Villalpando vende a doña María Solier todos los vasallos, suelos poblados y sin poblar, tierras, ferreñales, con todos los demás bienes muebles y raices que tenía y le ertenecían en el lugar de Otero de Seriego por precio de 1.500 mrs. de dos blancas, ante Martín Fernández, notario de Villalpando.


- 4 de enero de 1429 Pedro González de Terrones, vecino de Castronuevo, vende a doña María de Solier, viuda de Juan de Velasco, dos suelos con su jurisdicción, señorío y derechos, todas las tierras de pan llevar so la campana de San Martín, y otra a do dicen Reguera, todo en término de Otero de Seriego por precio de 600 mrs de dos blancas. En Villalpando ante Martín Fernández notario público.
(Frias)


Espero poder consultar algún día los documentos originales si se conservan que nos darán más información. De lo anterior se deduce en interés de doña María de Solier por adquirir todos los vasallos y solares del pueblo de Otero con cinco compras a lo largo de nueve años para hacerse con su señorío completo, que hasta el siglo XIX siempre se denominó de Seriego o Serigo. Era uno de los pocos pueblos de la comarca cuyo señorío todavía no pertenecía a algún señor principal, sino que estaba distribuido entre diversos herederos, por lo que era casi la única posibilidad de expansión de la nueva nobleza procedente de las mercedes de Enrique II.

Por su testamento en 1435 pasó por herencia su hijo mayor, Pedro Fernández de Velasco, conde de Haro, junto al mayorazgo de Villalpando pero separado del mismo, y sucesivamente a sus descendientes los Condestables de Castilla, acabando en el Ducado de Frías.

El señorío incluía el vasallaje de los vecinos que debían abonarle los pechos o martiniega, la jurisdicción ordinaria y en segunda instancia con el derecho de nombrar alcaldes, el patronato de la iglesia de San Martín y el derecho de presentar al párroco, una tercera parte de los diezmos, las alcabalas y diversas propiedades que sumaban más de 160 cargas de tierra de sembradura.




Cada vez que la casa de Velasco cambiaba de titular por fallecimiento se producía la toma de posesión por un apoderado del conde en nombre del mismo.


En 1831 los señores de la villa a través de su administrador de Villalpando procedieron a medir y apear las heredades de la casa ducal de Frías por medio de un agrimensor. Se hallaban repartida en quiñones que tenían arrendados los vecinos del pueblo:


D. Rafael de León 15 cargas de trigo y 15 de cebada
D. Manuel Ojero 15 y 15
D. Juan Antº de Calzada 12 y 12
Tomás Fidalgo 11 y 11
José Costilla 9 y media y 9 y media
Felipe de Ledesma 9 y media y nueve y media
Gregorio Orduña 9 y 9
Tomasa Bueno, viuda de Diego Suena 8 y 8
Francisco Miranda 6 y 6
Diego Escaja 6 y 6
Toribio Pozuelo, Francisco Álvarez, Ubaldo Toranzo, Santos Fernández 3 y media y 3 y media.
Basilio Ledesma 3 y 3
Pascual Ledesma 2 y 2

Por lo que vemos que la mayoría de los vecinos traían en renta quiñones del señor de la villa, con diferentes extensiones seguramente en relación con el ganado de labranza con que contaban y con su capacidad económica 











[1] 

  [2] Se trata de un caballero zamorano que participó como patrón de una de las galeras que armó el Almirante don Alonso Enríquez en 1407. Seguramente estaría emparentado con su homónimo, el señor de Alija y Ribarroya por merced de Enrique II.

Bernardo Fernández Ferrero

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